martes, 18 de enero de 2011

Reflexiones sobre la situación del músico en nuestra sociedad y de la propia concepción que se tiene sobre la Música. De profesión: músico. (I)

Hace algún tiempo alguien se preocupaba en escribir y debatir sobre la cuestión de la condición de los artistas. Con una gran humildad - propia precisamente de los grandes artistas - se definía como un “Simple aprendiz de la naturaleza y de la verdad”. Buscaba la ardua tarea de determinar y definir cual es la situación de los artistas en nuestro orden social.

Como artista que me considero, creo que puedo tener el derecho a coger el testigo, desde mi propio punto de vista y experiencia, de todos los que se han preguntado y se preguntan sobre la condición de serlo y la situación en la que se encuentran el artista a lo largo del tiempo en las diversas sociedades donde desarrolla su arte. Lo hago o intento hacer con la misma humildad que he mencionado acerca del artista escritor que plasmaba sus preocupaciones. No es mi pretensión realizar una crítica visceral fruto de situaciones injustas vividas por mi profesión, que las ha habido; pero sí realizar un exhaustivo análisis de una situación que a quien atañe es como mínimo preocupante, y no sólo por las diversas carencias que se dan de una manera tácita en los muy diversos aspectos técnicos, administrativos y formativos de lo que supone ser músico en este país, si no también en el aspecto, quizás para mí casi más preocupante, de la impresión hacia la sociedad de lo que es un músico. Para ello me he propuesto el objeto de distinguir entre unos músicos y otros según su funcionalidad básicamente y otras características y no por juicios de valores, que sí los puede haber de forma subjetiva, aunque quizás cuando entremos en terreno farragoso, mi crítica será cercanamente objetiva hacia una “clase” de músicos que sin saberlo ellos mismos se están erigiendo en la panacea de la música actual; y digo sin saberlo ellos mismos porque también llegan a ser víctimas de la sociedad actual y su sistema de valores o más diría yo, su sistema productivo.

Volviendo a nuestro artista escritor que se preocupaba por la situación social del músico en la sociedad, el resultado de sus conclusiones, debates y cartas sobre la cuestión no parecía muy halagüeño. Este personaje defendía el enfoque de que el artista cumple con una función social, cuasi servil hacia la sociedad para alimentarla de placer a través de su arte. Propio de su tiempo hacía un símil catalogando al artista como “…sacerdote de una religión inefable, misteriosa, eterna, que germina y crece incesantemente en todos los corazones…”. Así mismo, resaltaba cuan de importante era la música en tiempos antiguos, no sólo en la Grecia antigua con su gran concepción pitagórica del arte de los sonidos, sino también en los pueblos persas, chinos, egipcios…, y recordaba cómo la música influía en estas sociedades a través de la admiración y como tenía carácter de indispensable en la educación de todo ciudadano y con el desarrollo de sus más diversas funciones. Con estos recuerdos y pensamientos, nuestro artista escritor caía en la desilusión de la situación del artista en su sociedad y con su inherente humildad, pero con las palabras bien claras, denunciaba muchas situaciones injustas que él vivía, aun siendo un afamado músico.

Creo, estoy seguro, que muchos artistas y personas que amamos la cultura en general y la música en particular nos debatimos en idénticas situaciones acerca de la situación del músico en la sociedad y las muy diversas injusticias que le rodean, cómo se le considera e incluso sobre la propia concepción de la música en nuestra sociedad. Volvamos, pues a nuestra sociedad y ubiquemos nuestras preocupaciones en una análisis acorde con ella, pues nuestro primer protagonista, el artista escritor preocupado por su propia profesión y arte era ni más ni menos que Frank Liszt, que con su “Cartas de una artista” reflexionaba sobre el estatuto social del artista y criticaba las instituciones musicales de su tiempo, revelándose como un auténtico humanista en sus escritos, los cuales tienen, por lo que podemos adivinar, una gran vigencia en su preocupaciones y denuncias trasladadas a nuestra sociedad.

(Continuará)

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