jueves, 13 de diciembre de 2007

27 AÑOS SIN LENNON


Escribir sobre John Lennon es difícil, sobre todo si se quiere evitar caer en los convencionalismos comerciales, frases de elogio hechas y aplicables a cualquier artista que destaque mínimamente o bien dejarse llevar por las garras del marketing discográfico. El pasado 8 de diciembre se cumplieron 27 años de la lamentable desaparición de John Lennon (no pienso hacer publicidad del desalmado que apretó el gatillo). Nos hacemos mayores al estar marcados por esa moda de efemérides que va contando el tiempo y recordando muertes y nacimientos. Surge entonces, como en aquella fría madrugada del 80, el sano egoísmo del fan, del oyente, del crítico musical…, en torno a lo que podría haber hecho Lennon en estos próximos años musicalmente hablando e incluso socialmente. Resulta ocioso preguntarse que hubiera pasado: ¿una hipotética reunión de los Beatles ¿nuevas y grandes canciones?, una vuelta al protestantismo social y político como única arma la música y la palabra? (seguramente le hubiera montado un buen pitote a Bush). Es muy probable que todo eso hubiera sucedido y más. Pero se ha visto sustituido por la explotación discográfica de su música e imagen. Qué se le va hacer, es la sociedad en la que vivimos en la que incluso podemos ver a Lennon vendiendo coches – cuya marca no mencionaré – o acusado de machismo o miembro financiero del IRA.

A modo de utopía habría que hacer un esfuerzo, en contra de esa sociedad, para recordar a un Lennon, que no era ni Dios, ni Jesucristo, aunque en algún momento se dijo ser más famoso que él. Simplemente era un humano artista, con una gran sensibilidad para escribir grandes y sentidas canciones, con unos grandes defectos personales, como todo el mundo, pero que se le hecha de menos, sobre todo si echamos una mirada las llamadas listas de éxito actuales. Lennon, aunque dijo en una ocasión que a veces le gustaría haber sido un puto pescador, lo único que sabía hacer era escribir canciones y plasmar en ellas sus sentimientos, algo que escasea también en la actualidad. Y lo bueno que con ello se divertía y ganaba dinero. Por lo tanto, recordemos a ese Lennon músico, artista y humorista que nos alegraba los días hasta llegar a décadas. Recordemos al Lennon humano artista.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Harry Connick Jr. Concierto 5/11/07 Teatro Circo Price de Madrid




No puedo ocultar mi admiración por este gran pianista y cantante o "crooner"americano, como se suelen denominar a los vocalistas de baladas americanos. Desde la primera vez que lo descubrí - gracias a esas acciones promocionales de las comedias románticas americanas que idean la Banda Sonora a medida, y que en este caso fue la genial "Cuando Harry encontró a Sally" - fue como un reencuentro con la música americana añeja de los años 30 y 40 principalmente, pero con un sonido fresco y actualizado y de esta manera fue para mi como un desquite a lo que de joven había escuchado a través que mi padre, con discos de esas mismas standards del jazz americano y de musicales de Broadway, pero tratadas de forma edulcorada a través de los arreglos de Paul Mauriat (a quien no niego su mérito si tan sólo lo ubicamos en la moda de los 70').


Por otra parte, cuando escuché a Harry Connick Jr. interpretar con su voz y piano temas como "It had to be you", "Don't get around much anymore" (de la Banda Sonora mencionada), o posteriormente en su trabajo eminentemente pianístico "25" temas como "Stardust" o "On the street where you live" , yo andaba haciendo mis primeros pasos más serios con el piano con el que de forma autodidácta intentaba buscar un sonido y un estilo por el que moverme cómodamente. Y fue precisamente su interpretación aparentemente sencilla, llena de vitalidad y expresividad lo que me marcó el necesario punto de inflexión y a sentirme reflejado en lo que oía, y ello a pesar de mis carencias técnicas propias de un autodidacta.


A partir de ahí el seguimiento ilusionante de su carrera discográfica (que me recordó mi época adolescente de cuando cada mes me compraba un nuevo disco de The Beatles hasta completar la colección). Tras el magnífico "25" Harry Connick Jr dió un giro - no del todo imprevisto como se ha llegado a decir - hacia un soul y funky muy bien elaborados como "She" o "Star Turtle" quizás para encontrar un hueco más fácil en el circuito de masas y comercial. Aunque la calidad, tanto de composición, ejecución y producción es asombrosa, fue precisamente ese aspecto lo que, creo, hizo que la cosa no funcionara totalmente, a pesar de la promoción y de la giras, visitando nuestro país hace más de diez años. Y es que en muchas ocasiones se ha oído decir eso de que suena demasiado bien para ser comercial, es demasiado "perfecto".

Por todo ello mi desquite ahora es doble al poder disfrutar de su directo el pasado 5 de noviembre en el marco del Festival de Jazz de Madrid en el Teatro Circo Price y es que al Sr. Harry Connick Jr. hay que verlo en directo, porque a parte de gran pianista, arreglista y compositor, y no nos olvidemos de su carismática voz, Harry es un gran "showman", dándolo todo en el escenario. Y vino para presentarnos su último trabajo "Oh, my Nola" en el que recoje un divertido homenaje a New Orleans y su música; divertido porque en palabras suyas, en ocasiones hay que afrontar las desgracias con "espíritu optimista", en referencia al desastre que ocasionó el huracán Katrina. Al fin y al cabo New Orleans y su cultura musical es un bullicio musical alegre hasta en los momentos más tristes, como en los funerales.

Acompañado rítmicamente por un contundente pero fino batería y un elegante contrabajo que -aquí me adelanto - parecía ausente por la mala calidad sonora del recinto, Harry Connick Jr se arropó de una big band con tres saxos, tres trombones y tres trompetas. Pero el carisma de Connick Jr. se completa en su lenguaje con el piano, esa "timidez encubierta" a la hora de afrontar cada una de las notas que va introduciendo, demostrando que la técnica, el virtuosismo y la expresividad no son incompatibles tocando pocas notas en un principio para luego ir desarrollando toda una estructura comunicativa que nos hace involucrarnos en su escucha. Su propio lenguaje corporal lo atestigua.
Harry Connick Jr. salió a disfrutar ofrenciéndonos su show a pesar de que la condiciones acústicas del recinto no fueran las adecuadas (bromeó diciendo que se sentía como si cantara en el cuarto de baño), al igual que las dimensiones del escenario que no permitieron que se explayara adecuadamente en sus bailes que suele ofrecer muy en clave humorística, como showman que es. Una hora y cuarto de concierto en la que dejó claro el porqué "está al margen de las modas".