viernes, 7 de octubre de 2011

Extractos de las Conferencias del Seminario “Historias de la música popular: Del Blues a Beethoven” que impartí en la Casa de Cultura de Navacerrada los días 8, 15 y 22 de julio.
LA BASE: EDUCACIÓN MUSICAL O BIOLOGÍA DE LA MÚSICA.

Me ha empujado a realizar estas charlas, estos planteamientos sobre la música mi propia experiencia con ella… una experiencia que es intensa: día a día vivo la música, como pianista, como docente, como oyente…aunque comencé como aficionado y aún me considero así, la música gira en torno a mi vida, algo que considero que no tiene porque ser muy diferente al resto de personas aunque no se consideren profesionales. Sin embargo cuando tengo un nuevo alumno de piano, lo primero que le pregunto es que música escucha y me quedo sorprendido de que la mayoría no escuchan música en casa o como mínimo no tienen un hábito de hacerlo. Lo escuchan de manera invasiva, como digo: cuando van hacia el colegio con la radio del coche, cuando ven sus series favoritas…. ¿Cual sería el objetivo que me marqué con el planteamiento?  Sería interesante intentar mínimamente transformar algunas ideas más comunes que se tienen sobre la música y cuestionar una serie de aspectos fundamentales de la práctica musical y la comprensión que la sociedad tiene de ella. Y por supuesto insistir como hago a mis alumnos que escuchen mucha música, de todo tipo.
Pero lógicamente en mi constante preocupación de cómo veo el fenómeno de la música he ido descubriendo autores cuyas obras me han hecho sentirme identificado y de alguna manera han corroborado lo que pienso sobre la música. En ocasiones grandes desconocidos, limitados al ámbito académico que sin embargo considero necesario transmitir de manera cercana y amena sus pensamientos. Precisamente uno de los autores con los que me identifico en su trabajo es el antropólogo y etnomusicólogo John Blacking. – fallecido en 1990. Blacking fue como muchos, formado para comprender la música como un sistema de ordenación del sonido. Sin embargo su increíble experiencia con la tribu de los Venda de Sudáfrica le hizo cambiar planteamientos sobre su experiencia musical (basada en el sistema occidental) e incluso comenzar a romper prejuicios. En lo concerniente a la separación entre la llamada música “culta” y música popular podemos resumir muy básicamente su obra en estas frases.

Siempre he pensado que hoy día se hace necesario lamentablemente una mayor educación musical, pero no basada únicamente en la práctica de cualquier instrumento o lenguaje musical, sino en la aparentemente sencilla tarea de escuchar música…y digo lamentablemente porque la música que nos rodea en nuestra  sociedad parece dada, marcada por una industria musical que particularmente pienso que maneja a sus oyentes e imposibilita un mayor conocimiento de otras músicas. Y no sólo la industria musical…también precisamente nuestra propia cultura occidental con una fuerte tradición culta produce su propia escisión en el público…la suya propia y la de otras músicas.
Volviendo a John Blacking, establecía que el público oyente estaba marcado en nuestra sociedad como de “solo aficionados” o “consumidores pasivos”. Sin embargo él reivindicaba ese público como creadores potenciales del hecho musical, actores necesarios, pues en cualquier contexto social existía una creatividad musical humana. En pocas palabras, Blacking defendía el concepto de fundamentos biológicos en la música. Cuantas veces hemos oído decir a una persona: “yo no tengo oído musical!”.
Un ejemplo: el mejor público y el más exigente son los niños. Siempre que ofrezco un concierto o amenización, sea un teatro o una terraza de un restaurante me encuentro con un pequeñuelo que se queda absorto escuchando y mirando mis manos. Es curioso, cuando toco para lo que se dice “amenizar” la interacción con el público es muy diversa (ya hace tiempo me desembaracé de la preocupación de “¿estaré tocando tan mal que ni existo?” y no es que me considere un gran pianista, pero efectivamente:
-          Para algunos el pianista ni existe; están dedicados a lo que han venido principalmente, una copiosa cena y estar con su pareja o amigos.
-          Otros te lanzan miradas de satisfacción por verse arropados por música en directo;
-          Hay quien no puede refrenar su impulso y al final de cada tema se queda solo aplaudiendo. Son los que vienen a saludarte en medio de un tema y tienes que darles la mano mientras sigues tocando!, pero son muy agradecidos.
-          Los mejores: los niños. Siempre se ha dicho: no han perdido su inocencia a la hora de mostrar sus sentimientos hacia algo como la música
Otro ejemplo sobre los niños, cercano, en mi propia casa…mi hija de 4 años. No pretendo para nada de ella que se haga pianista, ni siquiera de momento me he planteado a darle clases o apuntarla con otro profesor. Dejo que fluya. Claro, tiene la “suerte” de tener un pianista en casa y que hay un piano en casa (algo muy común en muchas sociedades de siglos pasados, el piano era como para nosotros ahora casi la lavadora). Ella se acerca al piano y se está unos minutos experimentando el sonido que extrae de cualquier manera. Sin indicación alguna por mi parte, de forma diría natural, ha comenzado a discriminar sonidos y a mecanizar otros que le suena bien…
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