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viernes, 26 de junio de 2009

Comentario de discos. Tugores "Imatges de Knopfler"



COMENTARIO DE DISCOS.

TUGORES “Imatges de Knopfler” (Musikarte, 2008).
Un artista a descubrir.
Calificación *****

En la amalgama actual de músicas que estamos viviendo en los últimos años, con una endiablada saturación de productos similares o formulas repetitivas, unas más válidas que otras, se descubren valores musicales que sorprenden por lo arriesgado de su trabajo creativo en contra corriente de toda moda y todo marketing propio de las majors. Es la música en sí misma, como una propuesta intrínseca al disfrute a través de la creatividad, el ingenio y la particularidad, y en la mayoría de ocasiones es difícil toparse con determinados artistas, a no ser que nuestra inquietud musical personal lo busque (algo más fácil en los últimos tiempos gracias a la red) o que el boca a boca popular nos los haga llegar en forma de cena de amigos o un encuentro casual.
Y es de esta manera amable cuando uno se puede topar con músicos creativos como Tugores, guitarrista y compositor al que algunos le colocan la etiqueta de música mediterránea (sobre “etiquetas musicales” ya hablaremos). Bien es cierto que si repasamos la discografía de este guitarrista nos encontramos en sus tres primeros discos con un sonido cálido, sensual, simple en su apariencia, y en la que su música instrumental nos entra directamente a través de melodías que hablan, que narran una historia que como tal tiene un inicio, un desarrollo y un final, y sin necesidades de narrativas vocales, algo que tiene mucho mérito a la hora de hacer música instrumental, que hable por sí misma.
No cabe duda que Tugores tiene su sello personal. Es de esos artistas a los que poco podríamos comparar con otros, pues sus influencias reconocidas no están presentes en sus composiciones como un calco perfecto a los que podría sonar. Y es que sonar como Ennio Morricone, Caetano Veloso o Mark Knopfler, por citar algunos ejemplos, es bien difícil y sin embargo, Tugores consigue canalizar un lenguaje propio con reminiscencias a estos autores, sin caer en una copia descarada. Sus obras no suenan a Caetano, pero tienen su riqueza rítmica y armónica. Sus melodías sí suenan a Morricone pero su principal catalizador es la guitarra española acompañada por una banda acústica de pocos músicos.
Y ahora nos llega una pequeña perla sonora en la que afronta el reto de trasladar a las seis cuerdas la música de uno de los más grandes y excepcionales guitarristas de la cultura musical contemporánea popular como es Mark Knopfler en sus composiciones para Bandas Sonoras.
Con este nuevo trabajo descubriría a una inmensa mayoría el lado más desconocido de Knopfler, y digo que descubriría porque Tugores no es un artista de masas, como se le suele llamar a ese gran músico desconocido que va llegando de manera cautelar y sorpresiva a grandes minorías y se coloca en nuestra colección de discos preferidos. Aún así, bienvenido sea encontrarnos con un disco idóneo para la escucha relajada y atenta, algo que se ha perdido en el ritual personal de sentarse a escuchar música sin necesidad que tenga que ser funcionalmente bailable.
Si ya se ha escuchado algo de Tugores con sus anteriores discos (“Anche lui e qui”, “El Seu Orient” y “Jantar com inspiraçâo”), la escucha de este nuevo disco nos seguirá sonando a Tugores, algo que hay que destacar y valorar de forma atenta; cuando nos hemos familiarizado en sus tres primeros discos con sus composiciones, ahora, siendo temas no compuestos por él, siguen sonando y teniendo el sello Tugores.
Tugores abre, en forma de obertura épica e invitándonos a un cuento abierto, con el tema que pertenece a la banda sonora de “The princess Bride” (La princesa prometida) con el que nos introduce en su mundo sonoro, el de la guitarra española y su particular sonido; es una pieza llena de aparente sencillez en la que tan sólo seis cuerdas nos hacen vibrar y sumergir en el universo musical de las composiciones de Knopfler visto a través de sus ojos. Se puede adivinar un trabajo conceptual, cuyo hilo conductor es lógicamente el homenaje a Knopfler y sus composiciones de bandas sonoras, pero que Jaume Tugores lo reconstruye y lo lleva a su propio terreno, dando forma en los 11 temas que consta el disco con la certeza de transmitir sentimientos a través de su música, algo tan obvio pero no tan utilizado por los artistas últimamente, entretenidos en efectos técnicos y sonidos saturados. Como en ocasiones ha reconocido, vemos en Tugores un artesano de sus propios trabajos y, por ejemplo, es de agradecer que todos sus trabajos se “digieren” gustosamente en 40 minutos que nos saben a gloria.
“Imatges de Knopfler” continúa con pequeños cortes en los que la melodía habla por sí misma como una imagen viva de cada film en cuestión. El segundo tema “The long road” quizás sea el más conocido por la audiencia al pertenecer a la sintonía del programa de TVE “La Tarde” de los años 80’. A partir de aquí, Tugores introduce un acompañamiento de percusión en algunos temas de forma muy sutil, ejecutados magistralmente por el percusionista Nan Mercader, que para nada entorpece al instrumento principal, la guitarra. Se respetan los silencios y guitarras (en algunos temas superpuestas) y percusiones varias se complementan a la perfección, no hace falta más.
De esta manera ya nos ha imbuido en su mencionado universo sonoro; Tugores emplea de forma mesurada - como todo buen músico – determinados recursos, y quizás el que más es el de utilizar cadencias, pequeñas células musicales insertadas en los temas que cuasi trabajan de manera hipnótica en el oyente.
A ello sumamos los muy diferentes sabores sonoros - con los cuales también se le ha catalogado su música con la etiqueta de Músicas del Mundo – por la semejanza de formas musicales reconocibles, como lo italiano de una tarantella en el tema “A fistful of icedream” (tema que contiene la sorpresa para el oyente de escuchar insertado la famosa melodía de Dire Straits “Private Investigations”, que originalmente pertenecía al tema compuesto para la película “Comfort and joy” y que luego recuperó para el grupo), y aires escoceses – por supuesto, Mr. Knopfler – en el tema “Sons of Scotland” (del film A shot at glory).
Bienvenido es este nuevo trabajo de Jaume Tugores, guitarrista consumado y compositor insaciable que ya está preparando su próximo quinto disco. Que ustedes lo busquen, lo descubran y lo disfruten!.

jueves, 6 de noviembre de 2008

El Artista “no mediático” y su inmensa minoría

Existen determinados artistas (bastantes) que no se corresponde con lo “mediáticamente correcto”, y quizás sea porque no buscan específicamente ese contexto, no buscan la consabida fama en forma de público de masa; pero sí conectan con una inmensa minoría, ese público que sabe apreciar su trabajo musical, sin ni tan siquiera conocer el nombre del artista que va a escuchar, pero a sabiendas que va a deleitarse con una música llena de sentimientos, buen hacer y en definitiva, llevarse un buen recuerdo de lo escuchado. A partir de ese “souvenir musical” que se lleva el oyente—en forma de concierto en directo o de trabajo discográfico—se inicia un proceso de cierta complicidad mutua entre lo que ha ofrecido el artista (su arte, su composición) y lo que ha recibido la persona receptora, que como sentimiento subjetivo introduce en su mundo de preferencias musicales.
Algo cambiaría todo a mejor si la sociedad, y en concreto la sociedad musical y sus agentes implicados, no estuvieran tan preocupados por las cifras de venta, por la imagen que tiene que dar un artista, por pegar el llamado “pelotazo” en forma de éxito (que luego se queda en eso, un éxito, sí, pero caduco), y sin embargo se mirara a la música como el gran universo que es, como una amalgama cultural de la que puedes elegir libremente sin que los medios de comunicación (“mediatizados” o “mediatizadores”) marcaran las tendencias y estilos sacados del sombrero del presdigitador de turno en forma de periodista esclavizado o editor interesado. Harto difícil sería este cambio pero no por ello hay que dejar de ilusionarse con el artista no mediático y seguir disfrutando con ese público que es la inmensa minoría, el que de verdad sabe diferenciar la música de un simple producto que tiene más de mediático que de musical.

jueves, 2 de octubre de 2008

La Gestión musical (I)


Como en todo mercado, la música, en sus más extensas expresiones (un concierto, un disco creado por un artista, un ciclo o un festival), tiene la necesidad de dotarse de una gestión profesional con una metodología concreta, y más tratándose de un evento cultural. Para el ciudadano de a pie, el consumidor general de cultura, de un concierto, el oyente activo, etc., la música es un disfrute especial que le llega de manera obvia como producto cultural terminado. Detrás han estado personas con una gran inversión de tiempo y con un sistema de producción en ocasiones muy complejo. Para hacernos una pequeña idea, la consecución y la contratación por parte de un teatro o ayuntamiento de un concierto de un grupo musical dedicado a un proyecto propio puede llegar a tardar meses. En esa labor influyen dos agentes, el representante artístico del grupo y el técnico cultural de la institución que contratan. Esas dos figuras son esenciales, y hoy día todavía no tienen reconocida totalmente su profesión, la cual yo opto por denominar gestores culturales, pues realizan la mediación entre el arte y el público.
De ahí, que es interesante y necesario poner sobre la mesa el conocimiento y la concienciación de la existencia del gestor cultural que hace posible que el ciudadano disfrute de la cultura en todos sus ámbitos.


En concreto, 20 años atrás el representante artístico o manager en su expresión anglosajona era el que se aprovechaba del artista para hacer negocio en su sentido más peyorativo. Y aún hoy persiste esa impresión, en parte razonada por determinados “profesionales” que pertenecen al intrusismo profesional. Sin embargo también comienzan a aparecer en los últimos años otras tendencias y modelos de management implicados totalmente en el desarrollo artístico y profesional del artista, al que prefiero referirme como el Gestor Cultural que en su implicación por la proyección artística del músico no pone ninguna cortapisa ni criterio de marketing que transforme su creación. Aboguemos pues por ese modelo y por la necesidad de concienciación de su profesionalidad.

viernes, 12 de septiembre de 2008

10 años de Barahúnda


Diez años como trayectoria de una formación dedicada al rescate, con sabor propio, de músicas y letras de hace siglos son realmente muchos. Si nos preguntáramos cómo un grupo de estas características puede mantenerse vivo y evolucionar con su propio sonido, la respuesta sería una sola palabra: pasión. Y es que el músico que investiga, el músico que basa su labor en la creatividad, tiene que, a parte de trabajar, poner mucha pasión en su trabajo y hacer “tripas corazón” a las adversidades. Adversidades que en una industria musical y discográfica como la presente son muchas y difíciles de digerir cuando echamos un vistazo a las promociones de la que podríamos denominar la “no-música”.
Y quizás el truco sea precisamente mantenerse al margen de esa situación, sin olvidar donde estamos y mantener el estilo a la vez que se crea público, amigos y melómanos. Barahúnda lo hace bien en ese sentido. La voz de Helena De Alfonso cautiva desde el principio dado su amplio registro que tanto nos transporta a una metáfora musical que podría ser la seda, como que nos lleva a un camino abrupto de energía. Ambas sensaciones vienen arropadas por lo que nos dicen esas letras de canciones sefardíes y poetas árabes y medievales que no son otra cosa que las pasiones humanas, el vivir cotidiano de aquellos tiempos que en sentimientos como el amor generalizado no son tan distintos de los de hoy en día.
Barahúnda aglutina en su labor, en su proyecto musical, todas esas sensaciones hechas música, con palabras mayúsculas.
Eso y más es lo que se pudo disfrutar en su concierto aniversario del pasado 4 de septiembre en la sala Galileo Galilei de Madrid.

domingo, 18 de mayo de 2008

Debate: La necesidad de profesionalización de la Gestión Cultural


Al igual que el entramado compositivo y de relaciones que tienen algunas obras de Kandinsky, algunas profesiones, como la Gestión Cultural, tienen unos elementos multidisciplinares que generan a la propia profesión una necesidad de definición.
Situación actual. Concienciación de la necesidad de profesionalización.


La profesión de Gestor Cultural como tal está hoy en día en una situación de indefinición y se hace necesario un debate que aporte, como en toda profesión, un reconocimiento de profesionalidad de las personas que gestionamos cultura. A la vez, estas personas dedicadas al mundo de la cultura se caracterizan por manejar o enfrentarse a muy diversas materias multidisciplinares, pero que al fin y al cabo versan sobre la gestión de la cultura. Desde el técnico de cultura de una administración local, un comisionado de exposición de arte hasta un manager – representante de artistas, todos, son gestores de cultura, y sin embargo, hasta hace relativamente poco no se le reconocía dicha función. Al técnico de cultura de un ayuntamiento se le calificaba y se le sigue calificando como un “funcionario” (en su sentido peyorativo) – pues al fin y al cabo es un funcionario público aunque con excepciones que se derivan en la figura de “persona de confianza” contratada por el ayuntamiento en cuestión. En el caso del manager – representante de artistas también se le situaba (y sigue situándole) como un empresario con afán de explotación económica pura y dura (que los hay) sin interés por la creatividad intrínseca del artista al que representa, una imagen que en los últimos 20 años a cambiado con el surgimiento de nuevos modelos de Management, a los que me referiré más tarde.
Desde hace pocos años está surgiendo en el propio entorno profesional del Gestor Cultural una concienciación sobre la actividad y que busca exigir el reconocimiento en todos los ámbitos lógicos de cualquier otra profesión: desde un determinado estatuto laboral pasando por un reconocimiento social que ponga a pie de calle la importancia sobre qué es hacer cultura y cómo cualquier acto derivado de ello (un concierto, obra de teatro, exposición de arte,…) tiene detrás a una serie de agentes culturales que hacen posible la oferta cultural de un país. Ello otorgaría, por otra parte y entre muchas otras razones, una concienciación social de que cualquier acto cultural organizado desde cualquier estamento debe – aunque en ocasiones fuera simbólicamente – tener un coste de entrada para su disfrute.

¿Qué es un Gestor Cultural? El porqué de su necesidad de profesionalización. Agentes, un modelo determinado, posibles soluciones. Una de las definiciones que se pueden aplicar a la figura del Gestor Cultural de forma muy genérica es la que se hace eco Cristina Ramírez en un informe de la AGETEC (Asociación de Gestores y Técnicos de Cultura de la Comunidad de Madrid) que presentó en un Master de Gestión Cultural: “…es el profesional encargado de gerenciar y mediar entre el arte y los ciudadanos.”. Esta simple, en apariencia frase, eleva por sí misma a la categoría de profesión la gestión cultural, pero en sí misma, ¿queda realmente definida? ¿Qué agentes deberíamos incorporar o excluir en esta definición para evitar un intrusismo profesional? He aquí otro debate, el de trazar o no una tenue frontera y excluir, por ejemplo, a los empresarios que negocian con la cultura. Creo que sería injusto dicha exclusión como grupo, pues la industria cultural es fundamental en esa mediación entre cultura y ciudadano y en la riqueza de un país (recordemos que el sector económico cultural posee un peso fundamental en el PIB). Sí que sería interesante encontrar un equilibrio entre el fin del empresario (el lucro legítimo como empresa) y el fin artístico (potenciar la creatividad, implicación cultural y otorgar libertad hacia el artista) elementos indispensables para hacer/crear cultura y que se diferencian a lo que en ocasiones nos venden como cultura y realmente es simple negocio. Ese equilibrio se refleja últimamente en algunos modelos de Management en los que un empresario decide crear una empresa o pequeña empresa bajo su propia vocación cultural, término que introduzco como una base necesaria para que ese equilibrio mencionado se dé: la persona o empresario en cuestión tiene unos gustos que le reconfortan y desea transmitir. Sus habilidades (normalmente no profesionalizadas en un principio) son la intuición, la imaginación, confianza y autonomía y su personalidad se perfila como una forma de sentir y actuar en el medio que le rodea, en ocasiones en forma de Quijote por su lucha en defender sus propuestas que van normalmente en contra – corriente de los mediaticamente aceptado. Es precisamente este aspecto de inicio del deseo no profesionalizado auspiciado por la vocación, el que determina hoy día la necesidad de entrar en una verdadera profesión que esté amparada por baremos teóricos, académicos y legislativos que aseguren la profesionalidad, siendo extensible a todos los agentes de la gestión cultural.
He comenzado mencionando tan sólo un modelo de gestor cultural que se inserta en al ámbito privado, pero no puedo dejar de mencionar un pilar esencial tanto en la industria cultural como en la potenciación de la Cultura en sí que se erige o debería hacerlo como paraguas protector de los agentes culturales. Ésta es la Administración Pública de la que es máximo representante el propio Ministerio de Cultura y como Ministerio relacionados, pero no menos importantes, el Ministerio de Economía y Hacienda, el de Asuntos Exteriores, Educación, Trabajo, Industria, Turismo y Comercio, por mencionar aquellos que pueden incidir en la profesionalización de la Gestión Cultural. De forma breve menciono de qué manera se debería actuar por parte de la Administración Pública para lograr el reconocimiento y la configuración profesional del gestor cultural. Hay una serie de desventajas en el ejercicio de la gestión cultural que son competencia directa de algunos de los ministerios mencionados y que se reflejan en una inexistencia legislativa en muy diversos aspectos:
- Tanto en el plano laboral como en el económico. Como ejemplo, la contratación de ayuntamientos de un técnico o gestor cultural contempla un extenso campo inserto en muy diversas categorías profesionales (desde la A, de nivel de facultativo, hasta la D, como personal subalterno).
- Carencia de una titulación universitaria reglada.
- Un reconocimiento social.


¿Cómo llegar a la profesionalización del gestor cultural? Como he expuesto más arriba, un avance para la profesionalización pasaría por el reconocimiento de la propia administración pública, comenzando por la estatal, siendo necesaria la implicación del Ministerio de Cultura, el de Industria y el de Educación.

En relación a esta necesidad hay pasos que se dirigen hacia este objetivo. Reflejo dos noticias al respecto:
• En el Primer Congreso sobre la Institucionalización de la Cultura y Gestión Cultural celebrado en septiembre de 2007 surgió la disposición favorable por regularizar la profesión de Gestor Cultural y por iniciar negociaciones, al más alto nivel, en los diferentes ámbitos -Educación e Industria- para conseguir realmente su profesionalización.

• Noticia aparecida en El País el pasado 7 de mayo de 2008 de la que destaco 2 extractos relacionados con el tema:
Revolución en las artes escénicas
Cultura prepara un arsenal de proyectos para el teatro, la danza y la música
ROSANA TORRES - Madrid - 07/05/2008
Previsión de la creación de una red estatal pedagógica de Artes Escénicas y Musicales. Su puesta en marcha efectiva dependerá del acuerdo entre Cultura y el Ministerio de Educación.
Elaboración de un estatuto laboral para los artistas y profesionales del teatro, la danza y la música. El Ministerio de Trabajo e Inmigración sería el responsable de esta materia.


Si el camino hacia la profesionalización parece por lo menos esbozado (aunque repito que tratándose de la administración hay que mostrar cautela), no menos importante es la actuación hacia esa profesionalización del propio sector implicado, la cual ha comenzado hace un tiempo poniendo la aclamación de esta necesidad en sus foros internos y en negociaciones multilaterales. Al respecto hay que destacar la aparición de numerosas asociaciones (muchas de ellas de carácter autonómico) de muy diversos ámbitos relacionados directamente con la cultura en general y en concreto con la profesión de Gestor Cultural. De forma sintetizada podemos mencionar, entre otras:

- AGETEC (Asociación de Gestores y Técnicos de Cultura de la Comunidad de Madrid).
- AGCPV (Associació de Gestors i Gestores Culturals del País Valencià).
- Asociación de Gestores Culturales de Andalucía (GECA).
- UNIPROM (Unión Independiente de Promotores de Música en Directo de la Comunidad de Madrid).

Está claro que el propio sector refleja la mencionada necesidad de profesionalización y aporta y plantea también - a través de las distintas asociaciones y sus relaciones – diversos pasos para lograr el objetivo propuesto. Por una parte el sólo hecho de “asociacionismo” es una búsqueda de resolver problemas que atañen al sector; y por otra parte se promueven planes de formación de los gestores culturas y se organizan seminarios o conferencias.
La conclusión final pienso que es obvia: en la necesidad de la profesionalización de las funciones del Gestor Cultural es necesaria la actuación y apoyo de los Ministerios de la Administración pública y la iniciativa privada reflejada en todos los estamentos que puedan estar implicados: técnicos y gestores culturales de las administraciones locales y autonómicas, agencias artísticas de representación, managers e incluso las Universidades que aporten un valioso prisma académico desde sus planes de estudio relacionados con la materia.
El porqué de esta profesionalización también es clara: un respeto y reconocimiento por un sector que aporta de forma profesional con su actuación una riqueza al PIB y a la cultura de un país y por otra parte evitar el intrusismo profesional (destacar, por ejemplo, en referencia a éste que UNIPROM elaboró junto a sus estatutos un Código Deontológico que funciona como vigilia de las actuaciones no profesionales en el ámbito cultural).

jueves, 13 de diciembre de 2007

27 AÑOS SIN LENNON


Escribir sobre John Lennon es difícil, sobre todo si se quiere evitar caer en los convencionalismos comerciales, frases de elogio hechas y aplicables a cualquier artista que destaque mínimamente o bien dejarse llevar por las garras del marketing discográfico. El pasado 8 de diciembre se cumplieron 27 años de la lamentable desaparición de John Lennon (no pienso hacer publicidad del desalmado que apretó el gatillo). Nos hacemos mayores al estar marcados por esa moda de efemérides que va contando el tiempo y recordando muertes y nacimientos. Surge entonces, como en aquella fría madrugada del 80, el sano egoísmo del fan, del oyente, del crítico musical…, en torno a lo que podría haber hecho Lennon en estos próximos años musicalmente hablando e incluso socialmente. Resulta ocioso preguntarse que hubiera pasado: ¿una hipotética reunión de los Beatles ¿nuevas y grandes canciones?, una vuelta al protestantismo social y político como única arma la música y la palabra? (seguramente le hubiera montado un buen pitote a Bush). Es muy probable que todo eso hubiera sucedido y más. Pero se ha visto sustituido por la explotación discográfica de su música e imagen. Qué se le va hacer, es la sociedad en la que vivimos en la que incluso podemos ver a Lennon vendiendo coches – cuya marca no mencionaré – o acusado de machismo o miembro financiero del IRA.

A modo de utopía habría que hacer un esfuerzo, en contra de esa sociedad, para recordar a un Lennon, que no era ni Dios, ni Jesucristo, aunque en algún momento se dijo ser más famoso que él. Simplemente era un humano artista, con una gran sensibilidad para escribir grandes y sentidas canciones, con unos grandes defectos personales, como todo el mundo, pero que se le hecha de menos, sobre todo si echamos una mirada las llamadas listas de éxito actuales. Lennon, aunque dijo en una ocasión que a veces le gustaría haber sido un puto pescador, lo único que sabía hacer era escribir canciones y plasmar en ellas sus sentimientos, algo que escasea también en la actualidad. Y lo bueno que con ello se divertía y ganaba dinero. Por lo tanto, recordemos a ese Lennon músico, artista y humorista que nos alegraba los días hasta llegar a décadas. Recordemos al Lennon humano artista.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Harry Connick Jr. Concierto 5/11/07 Teatro Circo Price de Madrid




No puedo ocultar mi admiración por este gran pianista y cantante o "crooner"americano, como se suelen denominar a los vocalistas de baladas americanos. Desde la primera vez que lo descubrí - gracias a esas acciones promocionales de las comedias románticas americanas que idean la Banda Sonora a medida, y que en este caso fue la genial "Cuando Harry encontró a Sally" - fue como un reencuentro con la música americana añeja de los años 30 y 40 principalmente, pero con un sonido fresco y actualizado y de esta manera fue para mi como un desquite a lo que de joven había escuchado a través que mi padre, con discos de esas mismas standards del jazz americano y de musicales de Broadway, pero tratadas de forma edulcorada a través de los arreglos de Paul Mauriat (a quien no niego su mérito si tan sólo lo ubicamos en la moda de los 70').


Por otra parte, cuando escuché a Harry Connick Jr. interpretar con su voz y piano temas como "It had to be you", "Don't get around much anymore" (de la Banda Sonora mencionada), o posteriormente en su trabajo eminentemente pianístico "25" temas como "Stardust" o "On the street where you live" , yo andaba haciendo mis primeros pasos más serios con el piano con el que de forma autodidácta intentaba buscar un sonido y un estilo por el que moverme cómodamente. Y fue precisamente su interpretación aparentemente sencilla, llena de vitalidad y expresividad lo que me marcó el necesario punto de inflexión y a sentirme reflejado en lo que oía, y ello a pesar de mis carencias técnicas propias de un autodidacta.


A partir de ahí el seguimiento ilusionante de su carrera discográfica (que me recordó mi época adolescente de cuando cada mes me compraba un nuevo disco de The Beatles hasta completar la colección). Tras el magnífico "25" Harry Connick Jr dió un giro - no del todo imprevisto como se ha llegado a decir - hacia un soul y funky muy bien elaborados como "She" o "Star Turtle" quizás para encontrar un hueco más fácil en el circuito de masas y comercial. Aunque la calidad, tanto de composición, ejecución y producción es asombrosa, fue precisamente ese aspecto lo que, creo, hizo que la cosa no funcionara totalmente, a pesar de la promoción y de la giras, visitando nuestro país hace más de diez años. Y es que en muchas ocasiones se ha oído decir eso de que suena demasiado bien para ser comercial, es demasiado "perfecto".

Por todo ello mi desquite ahora es doble al poder disfrutar de su directo el pasado 5 de noviembre en el marco del Festival de Jazz de Madrid en el Teatro Circo Price y es que al Sr. Harry Connick Jr. hay que verlo en directo, porque a parte de gran pianista, arreglista y compositor, y no nos olvidemos de su carismática voz, Harry es un gran "showman", dándolo todo en el escenario. Y vino para presentarnos su último trabajo "Oh, my Nola" en el que recoje un divertido homenaje a New Orleans y su música; divertido porque en palabras suyas, en ocasiones hay que afrontar las desgracias con "espíritu optimista", en referencia al desastre que ocasionó el huracán Katrina. Al fin y al cabo New Orleans y su cultura musical es un bullicio musical alegre hasta en los momentos más tristes, como en los funerales.

Acompañado rítmicamente por un contundente pero fino batería y un elegante contrabajo que -aquí me adelanto - parecía ausente por la mala calidad sonora del recinto, Harry Connick Jr se arropó de una big band con tres saxos, tres trombones y tres trompetas. Pero el carisma de Connick Jr. se completa en su lenguaje con el piano, esa "timidez encubierta" a la hora de afrontar cada una de las notas que va introduciendo, demostrando que la técnica, el virtuosismo y la expresividad no son incompatibles tocando pocas notas en un principio para luego ir desarrollando toda una estructura comunicativa que nos hace involucrarnos en su escucha. Su propio lenguaje corporal lo atestigua.
Harry Connick Jr. salió a disfrutar ofrenciéndonos su show a pesar de que la condiciones acústicas del recinto no fueran las adecuadas (bromeó diciendo que se sentía como si cantara en el cuarto de baño), al igual que las dimensiones del escenario que no permitieron que se explayara adecuadamente en sus bailes que suele ofrecer muy en clave humorística, como showman que es. Una hora y cuarto de concierto en la que dejó claro el porqué "está al margen de las modas".