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jueves, 28 de agosto de 2014

Recensión Crítica sobre el libro BRIAN EPSTEIN de Debbie Geller

 BRIAN EPSTEIN
 Debbie Geller
 DISCOPLAY, 2000



Un 27 de agosto de 1967, hace 47 años moría Brian Epstein. Si mencionamos el nombre de Brian Epstein enseguida nos viene la imagen del “manager de los Beatles”. Siempre conocido como tal aunque escasamente reconocido, se nos presenta como un personaje enigmático y misterioso, apreciaciones derivadas de su propio celo personal y su propio carácter. Siempre entre bambalinas, pero siempre presente y con el orgullo dibujado en su cara de ser la persona que “descubrió” a estos cuatro muchachos que se hacían llamar The Beatles, Brian Epstein fue una de las piezas clave del engranaje para que el grupo funcionara y se mantuviera unido, pues esa entidad musical, cultural, social y empresarial tuvo en su desarrollo la participación de muchas personas que, a parte del núcleo central (The Beatles como grupo en sí, a la cabeza John Lennon y Paul McCartney), tuvieron su papel principal. ¿Podríamos imaginar a un productor distinto a George Martín? ¿Que hubiera pasado si Brian Epstein no hubiera tenido la curiosidad de conocer la música de The Beatles, cuando en realidad estaba tan lejana a su educación musical y su ambiente? Sin embargo la historia la conocemos y en el punto de inflexión que marca un antes y un después en los inicios profesionales de The Beatles la aparición de Brian Epstein es crucial. Es, quizás, el momento más conocido precisamente cuando fue a escucharlos a The Cavern y sus posteriores gestiones que, con fe ciega, buscaba el reconocimiento a la música de esos 4 chavales. Cuando todo estalla, cuando se consiguen los primeros puestos de las listas de éxito y se dispara la “beatlemanía”, el manager queda en un discreto segundo plano, un puesto que parece ser gustaba a Brian Epstein, dedicándose a mantener el imperio “beatle” y diseñar – no artísticamente – la trayectoria de sus “protegidos”. Esta es la etapa de la que no se ha profundizado demasiado, bien porque en realidad no llega a interesar tanto al público en general, obviamente más interesado en lo que podríamos llamar el “producto final”, esto es, los discos y los conciertos que daban en aquella época, o bien eclipsada por los personajes centrales, The Beatles en su esencia.
Esto suele pasar en toda trayectoria musical y artística, es algo casi natural, pero en honor al trabajo de muchos, en ocasiones es obligado destacar y sacar a la luz ese trabajo que siempre sucede en cuatro paredes de una oficina o en la mente de un emprendedor que confía en el artista. Claro que podemos matizar muchas actitudes, muchos oportunismos y aprovechamientos por parte de la figura del manager en general y que lamentablemente ha pesado más en la opinión publica esa negativa faceta que la contraria: ¿que hubiera pasado si Brian Epstein, John H. Hammond y otros olfateadores de talentos no hubieran puesto su empeño y desarrollado una labor sin más herramientas que su propia intuición?
El libro de Debbie Geller (1952-2007), productora y escritora que desarrolló su campo de investigación en la cultura popular, fue editado en el año 2000 y está basado en el documental The Brian Epstein Story retransmitido por la BBC2 en 1999 y de buena manera destaca esa faceta del Brian Epstein emprendedor ya consolidada en su propia personalidad. Podemos tomarlo como un claro homenaje a la labor de Epstein con los Beatles pero también es un tributo a su persona a través de testimonios cotidianos de sus allegados que a pesar del celo personal que mantenía Brian respecto a su vida y perteneciendo a un mundo diferente al que sostenía en sus responsabilidades, logramos acercarnos algo más al personaje, a su manera de hacer las cosas – “un manager afable, cortés, que hablaba con corrección y completamente ajeno al mundo del espectáculo”(Pág. 15).

Escrito a través de declaraciones de su entorno más cercano, profesional y personal y de forma cronológica y temática cuenta el libro con un reparto destacable de “actores” como Paul McCartney, George Martin, Marianne Faithull, Gerry Marsden o Peter Brown, quienes realizan sus impresiones sobre Brian a través de diversas entrevistas. El libro de Geller recoge también extractos de su diario personal y del libro autobiográfico “A Cellarful of Noise” (“Un sótano lleno de música”) en el que Brian rinde cuentas de su vida y publicado en 1964. Comenzando por sus orígenes e infancia como la mayoría de biografías, la naturaleza de la forma de narrativa – esto es, como un reparto teatral en el que los personajes entrevistados van hablando sobre Brian – le confiere una cierta ligereza en la lectura. En dos capítulos se repasa la infancia y adolescencia de Brian Epstein, en los que destacaría como se insiste en la faceta artística de Brian Epstein como actor de teatro, lo que le otorga un mínimo de conocimiento escénico que aplicaría posteriormente a The Beatles, como la reverencia final, los trajes, etc. Tras estos capítulos que nos descubre la formación del carácter de Epstein, con sus frustraciones estudiantiles y artísticas que posteriormente cubrió de sobra con el imperio Beatle, llegamos a uno de los capítulos más importantes de su propia vida y de la de la música del siglo XX, el momento en que – bien sea por olfato empresarial o bien por curiosidad – decide hacer una visita a The Cavern para escuchar a esos chicos que se hacían llamar los Beatles y que tanto ruido estaban haciendo por Liverpool. A destacar en este capítulo titulado “Love me do” las declaraciones de Alistair Taylor, primer asistente personal de Epstein en la tienda familiar de Liverpool, quien desmiente parte de la leyenda que con nombre propio (Raymond Jones) entró en la tienda de Brian pidiendo el “My Bonnie” de los Beatles. Verdad o mentira, sí que afirma la popularidad ya adquirida por el grupo en Liverpool en aquellos tiempos.
El capítulo también reporta documentación que no se queda en una mera anécdota si a la historia nos atenemos, como puede ser la reproducción de la carta que dirige Brian Epstein a la compañía discográfica EMI donde insiste en el gran valor musical de sus muchachos e incluso “amenaza” que sus chicos van a hacer una prueba con la competencia Decca. Digo que no se queda en una mera anécdota pues en esta carta podemos ver lo emprendedor y constante que era Brian a la hora de conseguir el reconocimiento de un producto que consideraba muy valioso. Otro tanto podemos mencionar respecto al primer contrato firmado por The Beatles con su nuevo manager, el cúal curiosamente no firmó.

A partir de aquí ya conocemos la historia y a partir del arranque del fenómeno de la beatlemanía se pone de relieve en el libro como Brian Epstein la gestionó teniendo un desconocimiento inicial del mundo del espectáculo pero sabiendo aplicar una minuciosa metodología en el nuevo imperio que se está creando (que no se ceñía únicamente a The Beatles sino que abarcaba numerosos grupos del llamado Mersey beat y pienso que es la parte más interesante del libro, con entrevistas sobre lo que significa para él el mundo del espectáculo y el negocio musical. En sus respuestas podemos conocer un Brian Epstein con una personalidad muy determinada en lo que se refiere a los negocios y con unos principios muy bien asentados que lo distinguen de cualquier otro manager del mundo del espectáculo. Nos encontramos con un Epstein afable pero negociador en un momento cumbre en el que seguramente no llegó a imaginar un pistoletazo de salida tan inmenso como el que fue la fama de “sus chicos” como el solía referirse al grupo. Nos encontramos con un Epstein que, a expensas de la situación, da la impresión de tener que improvisar sobre la marcha, tanto en los contratos de marketing - que no llegó a controlar demasiado como muestra el caso de litigio de Seltaeb – como en todo lo concerniente a la organización de giras y la conquista musical de EEUU. Sin embargo, la lectura de este capítulo arroja unas opiniones muy válidas, a mí entender, en lo que respecta a la capacidad de Brian Epstein como manager dadas las críticas recibidas en ocasiones. Sobre todo se insiste en que el negocio musical de la época no era tan ventajoso a la hora de conseguir buenos contratos como en la actualidad (y aún así, hoy día es el artista en ocasiones el menos beneficiado). Y Brian, sin ser del negocio musical y teniendo un producto tan importante como The Beatles, consiguió una serie de logros difíciles de obtener en aquellos tiempos, sobre todo en los comienzos en que el grupo no era aún tan famoso. Ya con un 2º disco consiguió negociar una parte de derechos editoriales de las versiones que hicieron el grupo de los artistas del sello Tamla Motown y el solo hecho de conseguir el mercado americano otorga a Brian Epstein una gran profesionalidad. Y tras el reconocimiento, la ardua tarea de mantener el negocio y el hecho de que The Beatles no fuera un espejismo modal de dos años es algo a considerar, pues examinaba cada uno de los ofrecimientos de giras o conciertos extraordinarios, como fue el caso del macro concierto en aquella época en el Shea Stadium, momento que considero cumbre en la carrera empresarial y donde encontramos detalles de la negociación muy interesantes con Sid Bernstein (el mismo promotor que separados ya los Beatles les ofrecía un único concierto de reencuentro cada año por cifras millonarias y que lamentablemente nunca lo consiguió).

Tras los pasos iniciales en la gestión de uno del grupo más famoso de la historia de la música popular del siglo XX, Debbie Geller acierta a describir la soledad del poderoso empresario dentro de unas necesarias relaciones sociales de la época en los capítulos “El rumor de la ciudad” y “Vidas privadas”, que nos muestran tanto al hombre apasionado por proyectos en los que llegaba a desplegar una cierta ingenuidad, como la ilusión de rodar una película con el torero El Cordobés, o el afrontar la redacción de una temprana biografía que maquilla para evitar el tema de su homosexualidad, dado el hermetismo de la sociedad inglesa de aquella época.
Estos capítulos del libro son la antesala a un cierto ocaso de Brian en lo empresarial en lo que se refiere a The Beatles, pues le resta actividad la decisión del grupo de abandonar las giras y comprobar que “sus chicos” no son ya tan chicos y toman decisiones por su cuenta (como la de la portada del “Sgt. Pepper”), aunque su último gran acierto fuera la gran difusión que logró para “All you need is love. Y finalmente Geller nos lleva a la narración de su fallecimiento, las posibles causas y las diversas reacciones y opiniones de los “actores” del libro.

Considero un libro interesante de leer. Primero por la escasa bibliografía en torno a Brian Epstein; para los seguidores de los Beatles, el libro se introduce en los ahora atractivos “making off”, como se construyó el imperio beatle en lo tocante a la organización y meticulosidad de un hombre pasional y emprendedor, elementos que cualquier aficionado o estudioso del mundo de la música popular puede sacar conclusiones muy válidas y que de forma más particular nos acerca al apasionante mundo del representante artístico, diríamos, casi modélico.

Al carecer de narrativa le confiere un carácter de film para el que fue realizado y quizás uno de los valores que destacaría es precisamente la contradicción de los testimonios, al ser éstos expuestos por personas de su entorno con opiniones a veces demasiado objetivas pero que nos arrojan a la vez una serie de preguntas tipo ¿quien fue en realidad Brian Epstein?.

jueves, 10 de julio de 2014

"Conversaciones con el blues". Efemérides de pianistas. Jelly Roll Morton

Tal día como hoy en 1941 muere Jelly Roll Morton, el auto proclamado "inventor del jazz". Comenzó a tocar en el barrio de mala reputación de New Orleans, llamado Storville, en 1902, con tan sólo diecisiete años, y dos años después era ya un pianista itinerante. Recorrió todo el país haciendo parada en St. Louis en 1904, en Chicago, Canadá y Alaska y recalando de nuevo en Chicago en 1922, donde hizo sus primeras grabaciones en 1923. Considerado como uno de los grandes “profesores” del piano en Nueva Orleans tocando el ragtime a la manera que lo hacían las bandas que marchaban por las calles de Nueva Orleans, diferente del ragtime de Scott Joplin del Medio Oeste, en Sedalia (donde Joplin iniciaría su trayectoria), aunque se percibía en ambos los elementos del rag.
Aunque algo engreído por esa auto proclamación bien tenía parte de razón al sintetizar el ragtime con una interpretación más libre que desembocó en el jazz piano y el stride piano a través de recursos folclóricos y tradicionales, rags, stomps, blues...abriendo nuevos caminos a otros grandes pianistas. Una posible recreación ficticia estupenda de su carácter y de los llamados duelos entre pianistas aparece en un fragmento de la gran película "La leyenda del pianista del océano" de Giuseppe Tornatore.


    miércoles, 16 de abril de 2014

    La música en Charles Chaplin. 125 años de su nacimiento.

    Artículo publicado en Culturamas



    Hace hoy 125 años nació un genio.Una de las acepciones de “genio” es la de “´persona de extraordinario talento, perfeccionador del arte a que se dedica, creador de grandes pensamientos y de conocimientos nuevos”. Conviene – de forma asidua recomendaría yo – que hiciéramos un acto de acudir y re-descubrir a aquellas personas que por su arte han sido consideradas genios, pues en ocasiones el tiempo las encierra en forma de enciclopedia o fuente que pocos consultan o bien quedan relegadas a una etiqueta constrictiva. Es lo que sucede con el gran Charles Chaplin de quien a menudo se tiene la imagen de un divertido y famoso cómico cuya imagen proyectada en la pantalla enseguida identificamos por su bombín, bigote y bastón de junco en su rol de vagabundo, algo que podría parecer intrascendente pero que detrás de esa imagen, la del vagabundo Charlot, se reflejan muchos valores y sentimientos del ser humano: la soledad, la nobleza, la bondad, la libertad interior… todos venidos de la mano de su creador y que están dotados de inspiración de su propia vida. Una vida que se inició un 16 de abril de hace 124 años, en 1889, con una dura infancia sumida en la pobreza pero con un afán de superación que le llevó a conseguir desde niño todo lo que se propuso; y es ahí donde reside la asignación de genio: en llegar a trasladar todo lo que su mente imaginó al toparse con el 7º arte.
    Chaplin no sólo fue un ingenioso cómico que hizo reír a millones de personas. Su talento va más allá, pues desde sus primerísimos inicios en el incipiente cine, tras sus experiencias en el vaudeville, la pantomima de la época y el music hall que se hacen presentes en sus filmes Charles Chaplin toma las riendas de su particular idea de cómo concebir el cine y se convierte en productor, guionista, actor y en la mayoría de veces compositor de las bandas sonoras de sus propias películas. 

    Porque Chaplin en su multiplicidad de genio, es desde su juventud un gran aficionado a la música, tocando el violín, el violonchelo, la flauta, el piano y el órgano. Y ese sentir musical innato, sin formación académica alguna, lo pondrá por delante incluso de la palabra cuando el cine mudo dejó de ser mudo pero él continuó obstinado en que lo siguiera siendo. Nunca quiso que su Vagabundo pronunciara una sola palabra. Y fue consciente de su aislamiento al seguir apostando por hacer películas mudas (aunque sincronizadas con sonidos) cuando el cine descubrió el sonido. Y volvió a superar su propio éxito con Luces de Ciudad con música compuesta por él mismo sobre motivos de La Violetera de Padilla que escuchó a la cantante, cupletista y actriz española Raquel Meller en gira norteamericana en 1930.
    Curiosamente la primera vez que se oirá la voz de Chaplin en la pantalla será con la película Tiempos modernos (1936), pero cantando un cuplé inteligible, mientras que la música de toda la película es sincronizada por el propio Chaplin.

    Chaplin tenía claro el importante papel que la música tenía en sus películas y en su cine en general. Tanto que incluso muchos años más tarde se propuso componer la música para sus antiguos cortometrajes en asociación con el pianista, compositor y arreglista Eric James que conoció en 1956 tras encargarle la grabación de un tema para su película A King in New York. Cansado de los  añadidos musicales que usualmente se realizaban por manos ajenas y de forma indiscriminada a sus primeros cortometrajes cómicos, Chaplin invitó a Eric James a su casa de Suiza para transmitirle como músico no académico la idea musical que quería que transcribiera. El proyecto fue terminado en 1959 y se tituló The Chaplin Revue, conteniendo música especialmente compuesta para diversos films como “A Dog’s Life”, “Soldier in Arms”, “The Pilgrim”, “The Circus”, “The Kid”, “Sunnyside”, “ Pay Day”, “A Day’s Pleasure”.

    De esa manera Chaplin se afirmó en la concepción musical que tenía de su cine, pues rara vez los adaptadores musicales comprendían lo que necesitaba su arte cuando éstos lo resumían musicalmente en “música alegre” y el genio insistía en que no debía haber una competencia entre la música y las escenas. Era necesario que la música fuera un contrapunto de gracia y encanto para expresar el sentimiento sin el cual una obra de arte es incompleta. En su autobiografía comenta irónico las ocasiones en que un músico hablaba académicamente de los intervalos limitados de la escala cromática y de la escala diatónica y él, simplemente le cortaba con una observación de profano: “Lo importante es la melodía; el resto es simple acompañamiento”. Gran observación de genio que se corrobora en sus grandes melodías.




    viernes, 5 de abril de 2013

    The Beatles: Please Please me… 50 años complaciéndonos


    Artículo publicado en Culturamas

    Imaginemos que nadie conoce a The Beatles… es fácil si lo intentas (It's easy if you try) sobre todo si le preguntamos a los adolescentes de hoy,  la mayoría, a quienes, a pesar de aparecer el famoso grupo musical en sus libros de texto de Música (si los hay), The Beatles les parece algo lejano como poco y desconocido como mucho para sorpresa de un par de generaciones anteriores. Y es que el tiempo pasa inexorablemente y nos va marcando a modo de recordatorio diversos hitos – históricos, sociales… y musicales como el que nos ocupa. Si no conociéramos a The Beatles o su discografía posterior a Please Please me - su primer álbum grabado el 11 de febrero de 1963 y editado el 22 de marzo- quizás su sonido y canciones en una escucha actual no nos sorprendiera en demasía. Ello podríamos corroborarlo al constatar el hecho de que entre toda la discografía oficial del grupo de Liverpool, críticos, músicos y fans eligen como mejores discos de la banda el gran Sgto. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967), Revolver (1966), Rubber Soul (1965) o Abbey Road (1969). Pero estos grandes trabajos discográficos fueron fruto de una evolución, quizás el mayor mérito de The Beatles que en tan sólo 8 años grabaron álbumes con su sello distintivo pero evolucionando musical y socialmente, adelantándose a su propio tiempo. Sin embargo ello no es motivo para restarle importancia a su primera grabación que cumple estos días 50 años, pues Please Please me tiene un valor musical mucho más grande en su conjunto y en cada una de sus 14 canciones (enfocadas como si fueran un single, como buscando el éxito de cada una de ellas de forma independiente) y sin hacer canciones de relleno como se suele hacer actualmente.
    Hay muchos valores encerrados en esta grabación. Quizás sea la única que llega a poder reflejar como sonaban realmente The Beatles en directo sin ser un disco de directo. Precisamente fue la primera intención del productor George Martin: grabar en directo al grupo en The Cavern, el templo musical que se impregnó de la fuerza que arrojaban The Beatles en el escenario, y Martin quería recoger esa sensación, pero finalmente la vio inviable. Existen grabaciones del grupo antes de que fuera famoso cuando tocaban en locales en Hamburgo, época en la que confeccionaron un repertorio extenso (en ocasiones llegaban a tocar 8 horas en diversas sesiones) y que incluían tanto versiones de sus artistas más idolatrados como composiciones propias. Curiosamente es considerada por los propios Beatles la mejor época del grupo, cuando aún no eran famosos. Sin embargo estas grabaciones tienen una mala calidad sonora aunque sí un gran valor histórico.
    El hecho de que Please Please me se grabara en una sesión maratoniana de un solo día (9 horas y 45 minutos exactamente) le otorga una frescura que bien podemos comparar con la ejecución en directo. Sumándole la presión del tiempo, el resultado fue un disco no hecho con prisas pero sí con la necesidad de grabar un buen disco en ese tiempo récord, por imperativos económicos, pues era la primera apuesta por el grupo de la compañía EMI a la cual destinó 400 Libras esterlinas en la sesión de grabación y los estudios 2 con grabadoras de tan sólo dos pistas. Los temas que necesitaron más tomas fueron precisamente los compuestos por Lennon – McCartney (que curiosamente y de forma exclusiva el tándem aparece invertido en los créditos - McCartney – Lennon -, llevándose las de ganar posteriormente John Lennon en el orden de los créditos).
    Sigue.... si quieres leer el artículo completo está publicado en Culturamas

    miércoles, 12 de diciembre de 2012

    Ravi Shankar: conciliador de culturas musicales

    Tendría alrededor de 13 años cuando escuché por primera vez el sonido de un Sitar. Normal que fuera a través de un tema de The Beatles, en concreto "Norwegian Wood". Y sin saber que era "eso", su sonido me cautivó nada más escuchar el tema, una y otra vez y buscar en el resto de la discografía del grupo otros temas con ese sonido. No, no era una guitarra que casi sonaba desafinada. Indagando descubrí que era un instrumento indio denominado sitar....con muchas cuerdas y que pertenecía a otra cultura, musical y espiritual. Esa experiencia seguro que se extiende a muchas personas, el descubrimiento de un sonido "algo diferente" a través de un tema Pop. Y es que la introducción y difusión del conocimiento del sitar y la música india por parte de George Harrison  y otros grupos como los Yadbirds y los Kinks, dotó al pop de nuevos valores que navegaban entre la experimentación, lo exótico y lo "culto". De forma un tanto casual, durante el rodaje de la película "Help", George Harrison se topó con el instrumento y enseguida inició una apasionante relación con él de la mano del gran maestro Ravi Shankar a quien conoció en Londres en 1966. En su autobiografía, "Raga Mala", (con prólogo y muchas otras contribuciones de George Harrison), Ravi describe con generosidad y afecto los primeros años de su amistad con George. En aquel momento Ravi tenía 46 años y ya era un aclamado maestro de su música que había estado tocando y viajando a Occidente por décadas.
      


    Pero Ravi, a parte de ser un genio de la música india significó una auténtica amalgama de unión de  puentes musicales no sólo con George Harrison y la música pop. Tomó contacto inicialmente con la tradición occidental de música de concierto a través de Yehudi Menuhin, a quien conoció en Londres en 1956, y luego a través de muchos otros músicos en el campo clásico. Aparte de componer una serie de conciertos para sitar y orquesta, Ravi tocó frecuentemente en grupos de música de cámara y con grandes músicos como el flautista Jean-Pierre Rampal, a quien tuve el placer de conocer cuando organizaba conciertos en Mallorca en 1997 y que precisamente se fue de gira con Ravi a Nueva Delhi en enero de 1998. 
    Y esa unión que significó Ravi Shankar para la cultura occidental fraguó en artistas como John Cage, Allen Ginsberg, Philipp Glass y muchos otros que seguramente se sentían profundamente perturbados y afectados por la ética de la vida posmoderna europeo-americana. Seguramente la sensación que tenían estos artistas como personas creativas era que el materialismo de la sociedad invadía también el mundo cultural - su mundo -, produciendo un exceso de obras de arte frías e inhibidas en los campos de la danza, el teatro y la música -desde el "pop" de baja calidad hasta los ejercicios intelectuales del vanguardismo.  Por tanto un soplo de aire exótico de una cultura milenaria abría sus mentes y su creatividad. 
    No hay duda del gran valor de Ravi Shankar como músico pero no menos importante fue su papel conciliador entre dos culturas como son la oriental y la occidental...seguramente ésta última la más beneficiada del intercambio.


    jueves, 3 de mayo de 2012

    Defendiendo a Leonard Cohen. Triste artículo de un triste "periodista musical".

    Artículo publicado en 2012 con motivo del nuevo disco de Leonard Cohen.

    Leí un artículo firmado por Quico Alsedo en el Mundo titulado "Leonard Cohen, triste número". Al principio, con sólo el título pensaba que le había pasado algo al longevo cantautor tras alcanzar con su nuevo disco el nº 1 de las listas en España. No más lejos de la realidad. Así de forma resumida el autor del artículo nos deja caer la perla de que cómo es posible que Leonard Cohen pueda tener un nº1 con su edad, habiendo "tantos" artistas merecedores de tal honor. Apenas realiza una crítica propiamente musical objetiva - nada realmente sorprendente en la para mí ahora mal llamada prensa musical -  de su nuevo trabajo "Old ideas"- título que hasta lo disgusta -, e incluso lo culpa de la decadencia del pop actual! y de paso tacha a los compradores del disco de "mataos" y mayores - ; su única crítica musical es quejarse de su voz que tilda como "hilo de voz rodeado por un torrente de reverb".
    Antes de enervarme demasiado con el autor del "artículo", pienso que el enfoque no es exactamente un ataque a Leonard Cohen (aunque suelta lindezas que más vale no hacer demasiado caso), pero sí resalta lo que él llama la decadencia del pop y de su industria.


    Por mi parte he querido ser objetivo y escucharme el disco de Cohen, a quien sigo desde hace tiempo pero de quien tan sólo tengo dos preciados vinilos en mi discoteca. Como no es un músico al que frecuentan mis oídos pero que nunca me ha disgustado, sino que me ha otorgado gratos momentos de escucha, he querido atender a su "Old ideas" a ver si escucho algo decadente, y me he encontrado con el Cohen de siempre, el que no necesita repetir un éxito como "Suzanne" porque destila poco a poco, como su música, su propio estilo, sin complejos. Y es que la música no debería atender a modas ni seguir éstas para alcanzar un nº1. De hecho es mucho más satisfactorio que trabajos como el de un grande como es Leonard Cohen llegue a las listas de los más vendidos porque demuestra que todavía hay gente con gusto musical y que no se dejan engañar por la fábrica de los nº1 de la industria musical; poco me importa si Cohen volvió a los escenarios por dinero...acaso ¿no es su trabajo? y ¿no debe cobrar por ello?; si el hombre estaba en mala situación económica (precisamente saqueado por una parte de la industria musical en forma de asesoría) que mejor que sacar el dinero haciendo lo mejor que hace: buenas canciones e historias.
    Quizás la única verdad del artículo es la decadencia de la industria musical y del pop pero vista de otra manera. Particularmente pienso que la industria musical es bastante sorda buscando alzar artistas que maquillan y pretenden vendernos como algo auténtico cuando no dejan de ser un cliché más de los grandes, como precisamente Cohen. Últimamente suelen mostrarnos artistas o músicos "al natural", cuando no deja de ser otro maquillaje más; se pretende llegar al nº1 buscando atajos extra musicales, y, sinceramente, antes de comprar un disco que suena a Cohen o a The Beatles (por poner ejemplos), me quedo con los de verdad hasta que alguien me toque la fibra o sea mínimamente honesto con su propia música.

    jueves, 9 de febrero de 2012

    El pinchazo del pop en España...no: el pinchazo de la cultura


    Ayer leí un artículo publicado en El Mundo titulado “El pinchazo del pop en España” firmado por el periodista musical Pablo Gil. De principio no me ha llamado la atención pues en él se describe una realidad palpable para los que trabajamos durante años en el mundo de la música; sin embargo, como siempre, veo que lo expuesto queda a medias tintas, pues se centra en el pop más mediático, cosa que hace que volvamos a valorar únicamente una ínfima parte de la labor de lo que es un artista en su máxima expresión, pues la realidad que expone es extensible no sólo a los consabidos y medio consagrados músicos del pop español con nombre propio sino –y en mayor medida – a todos los artistas y músicos anónimos (anónimos porque simplemente no están en los canales de la industria musical predominante) y que ejercen su profesión en multitud de espacios.

    Lo expuesto es tan simple (por decir algo obvio, repito, sabido hace tiempo) como el impago de ayuntamientos de los cachés de artistas y el fin de las vacas gordas en cuestión de contratación. Incluso se vuelve a poner a la palestra la piratería con la eterna queja que si de aquí a unos años ésta ha perjudicado la venta de discos ahora se suma la falta de contrataciones de conciertos en directo, y las pocas que hay sufren el retraso de pago. No sé si se está hablando exactamente de la mala situación de la industria musical o de la mala situación de los músicos… ¿es lo mismo, realmente? Si hablamos de descenso de ventas de discos no lo creo. En ese caso se debe relacionar con la industria musical, pues el artista poco se lleva de las ventas de CD’s. Y aunque fuera lo contrario, me pregunto si ser músico es esperar a vender muchos discos. Y parece que es así, y de ahí su queja, pues la gallina de los huevos de oro ya no da más, al igual que esa otra gallina que otorgaba unos cachés astronómicos a los artistas citados en el artículo (que a mí y otros músicos pienso que no me representan) y ahora resulta que tienen que bajar cachés. ¿Será que tienen que establecer cachés algo más lógicos, por decirlo de alguna manera? Porque como muchas cosas en la sociedad actual, el pastel se lo repartían unos pocos, pues el músico no mediático que buscaba una contratación se encontraba con la respuesta por parte de la institución de que no tenían presupuesto; claro, se lo habían gastado todo en Bisbales y demás…así que sin quererlo del todo esa industria musical cuyos objetivos era vender discos y luego vender caros conciertos de sus artistas quitaban trabajo a la mayoría de músicos no mediáticos (por cierto que dentro de la industria se daba el caso de que agencias de management abrían sus departamentos discográficos y discográficas abrían sus departamentos de management).

    ¿De quien era y es la culpa de esa situación? Pues a mi modo de ver, de todos los que participaban en esa especie de burbuja musical bien repartida. Desde el ayuntamiento que aceptaba pagar una cifra astronómica por un concierto de un famoso (le daba rédito político) pasando por los medios de comunicación que se dedican en sus secciones de ¿música  y cultura? a reflejar una realidad interesada de la industria musical.

    En defintiva, que hecho bastante de menos que se hable de la verdadera situación del músico, no de los Alejandro’s Sanzs, Pereza’s, Ana’s Torroja’s, sino del músico en toda su extensión, en el significado intrínseco de su profesión, desde el que toca en un centro cultural o teatro de 200 butacas con un proyecto propio, hasta el que toca en restaurantes o locales. Porque ese músico “anónimo” también padece – y mucho más – los impagos de las administraciones, el ninguneo y la moda de pagar para tocar de locales listillos que a cambio de “promoción” ofrecen sus espacios en alquiler o con una mísera taquilla.  Nos estamos olvidando de la base y es desde ahí desde donde se deben comenzar a arreglar las cosas y no por los altos vuelos.