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martes, 8 de marzo de 2011

Mujer y Música


Siempre he pensado que un día conmemorativo se queda corto para poner en un justo lugar los reconocimientos - injustamente silenciados - y valores que debemos recordar de forma permanente para que todos tengamos una concienciación de lo logrado por el ser humano en todos los campos. Y como yo me considero un humanista pasional de la música, el arte y la cultura, llevo un tiempo meditando e investigando sobre la contribución de la mujer en el piano, y acotando el tema, en el jazz. Y me he llevado muchas satisfacciones y a la vez decepciones. Satisfacciones porque he ido conociendo más el gran trabajo de las mujeres en la música y decepciones porque no se habla de ellas como se habla de otros músicos y compositores. Quizás el día de hoy sea idóneo publicar esta nota como un breve avance de un estudio más profundo que publicaré sobre la mujer y el piano jazz y curiosamente me he quedado en el romanticismo centrándome en una mujer compositora
Alguien conoce a Fanny Mendelsshon (1805-1847)? Muchos musicólogos, melómanos preocupados por no quedarse con un canon de repertorio confeccionado por el hombre, seguro que sí. Pero su obra no veo que sea tan conocida como lo es la de Beethoven o incluso la de su hermano, Félix Mendelsshon. Hagamos una breve prueba utilizando los medios que nos proporciona Facebook: si buscamos una página que contenga "Fanny Mendelsshon" nos encontramos con dos páginas que sumando sus seguidores llegan a unas 75 personas. Si hacemos lo mismo con su hermano Félix Mendelsshon nos encontramos con una página con 8.360 personas seguidoras. Mientras escribo oigo los telediarios narrando las innumerables "celebraciones" del día de la mujer. Y vuelvo a oír promesas, comparaciones de sueldo, opciones de cuotas que proporcionen una equiparación lógica a la mujer..desde luego; pero para mí ese no es el camino. Mi forma de pensar, mi educación labrada básicamente por mujeres me hace pensar que el camino es la educación, la concienciación...volvamos con un ejemplo acorde a ello, que no tengo a mano pero que supongo que de seguro es así. Busquemos un libro de la ESO sobre historia de la Música. Encontramos a Fanny? seguro que no y con un poco de suerte encontraríamos una breve mención de ella cuando se habla de la producción de su hermano Félix Mendelssohnn; curioso cuando algunas de las canciones compuestas por Fanny se le atribuyeron a su hermano, pues ella no pudo prosperar en su carrera como compositora por la sociedad en que vivía, aunque algo de reconocimiento sí tuvo y actualmente su figura está redimida por la labor de algunas asociaciones que defienden precisamente un mejor conocimiento de su papel en la música, pero que pienso que se ha quedado ahí, en un supuesto reconocimiento académico sin traspasar las fronteras de la calle; seguimos sin ver su nombre, no ya para una mayor valía como mujer en sí, sino por su merecedora obra. Repito: educación y concienciación...revisionismo de esos cánones artísticos creados por el hombre, cánones de repertorio, interpretación, educativos que parece que damos por válidos porque son la panacea de todo arte.
Y ahora me sumerjo en escuchar y descubrir pianistas de jazz con una gran sensibilidad, aunque no son tan conocidas como Herbie Hancock, Oscar Peterson, Chick Corea....pero que grandes Mary Lou Williams, Marian McPartland, y muchas más!


domingo, 6 de marzo de 2011

Reflexiones sobre la situación del músico en la sociedad... (II) MÚSICA versus Industria Musical. De si es lícita hoy día la industria musical.


Inicié mi primer artículo breve sobre “Reflexiones sobre la situación del músico en la sociedad…” a partir de una fuente de hace casi más de 200 años: los artículos de Frank Liszt publicados en la Gazette musicale concretamente en 1835 y recogidos en “Cartas de un artista” y en los que reflejaba su crítica sobre la situación de los músicos y las instituciones de su tiempo. Podría ser arriesgado realizar paralelismos que pudieran resultar anacrónicos, bien porque las sociedades evolucionan o bien, de forma más concreta e individualizada, porque trato de realizar mis reflexiones en base a mi experiencia como músico con un perfil “no clásico” y quien realizaba dichas críticas venía del mundo “clásico”, y ya se sabe la eterna dicotomía música “culta” - música popular. Sin embargo aclarar que solo existe dicotomía (música “culta” – música popular) si ambas o una de las disciplinas, que a la vez pertenecen a una sola: la MÚSICA, quiere.

Si bien nuestra sociedad actual ha superado una fase post – industrial que está dando lugar a la tercera revolución industrial basada - entre otras áreas - en las telecomunicaciones que repercuten muy directamente en la música, la finalidad de este segundo artículo busca precisamente resaltar que la problemática en torno al músico y la música de hoy en día es en el fondo de la cuestión más de orden metafísico y no debería ser las descargas el eje central del debate, por poner un ejemplo actual. Algo que se nos está mostrando como el problema principal del mundo de la música cuando sí existen verdaderos problemas en la condición social del músico actual en nuestro país y que iré desgranando en sucesivos artículos.

Así, lo expuesto, sigo fijándome en la lectura de Liszt y su crítica hacia la concepción que se tiene del músico en la sociedad, pues bien puede considerarse, a pesar de las diferencias expuestas por el tiempo en que las realizó, totalmente actuales en su fondo.

Si le preguntamos a un niño o a un adolescente qué música escucha probablemente nos dirá alguna canción o músico que esté en las listas de éxito, arriba de todo, que no para de sonar por la radio o la televisión o en la banda sonora de una película recién estrenada; y por seguro que sólo nos dirá una canción en concreto, aquella que más insistentemente repiquetea en su cabeza como fruto de una incesante operación de marketing por parte de la industria musical. Incluso llegará a mencionar algún título que atribuye al artista que actualmente la está interpretando cuando ese tema quizás tenga más de 50 años pero que en realidad es de nuevo re - versionado por el artista de moda y con una producción “actualizada”.

Su percepción no es errónea…, sólo es fruto de los canales de comunicación a los que accede para escuchar música, aunque dichos canales yo los definiría como “invasivos”. Aunque relativamente sería lícita la existencia de una gran industria musical que de aquí a unos años se ha concentrado en las majors, las grandes discográficas, cabría preguntarse hoy, precisamente a costa del debate sobre la causa principal de su crisis, si su respuesta y el producto que ofrece es reflejo de lo que realmente es la música o de lo que es ser músico y lo que comporta la creatividad del mismo… e incluso de sí lo que está ofreciendo es lo que el oyente realmente quiere. Sí es lícita cualquier clase de industria y comercio y en el caso de la industria musical se trata de ganar dinero con la música…pero maticemos: estamos hablando de MÚSICA, de arte y creatividad, de una práctica universal y es entonces donde nos encontramos con una serie de agravios y sin sentidos por parte de la industria musical donde el artista siempre se lleva la peor parte.

Es justo separar de este debate a aquellas pequeñas discográficas que sí buscan una combinación de su beneficio empresarial natural (que no siempre obtienen) con el respeto a la obra del artista, con el deseo expreso de crear catálogo, bien estilístico (especializándose en determinadas músicas) o bien totalmente creativo.

Planteándolo de otra manera: hay que preguntarse si la industria musical llega a reflejar o incluso a “preocuparse” por la creatividad inherente en el músico, pues si actualmente esta industria musical en concreto gusta de llamarse e incluirse en la etiqueta de industria cultural ( con los subsiguientes apoyos de los gobiernos por parte de su ministerio de Cultura), podemos llegar a discrepar totalmente de este término dado ya que los objetivos son realmente distantes a esa preocupación por la creatividad o labor del músico.

Quedaba claramente expuesto por Simon Frith en su escrito sobre “La industria de la música popular” al comenzar diciendo que la cuestión básica que se plantea la industria de la música es una pregunta tan simple como la de ¿cómo ganar dinero con la música? Sería interesante preguntar a los músicos si se hacen esa misma pregunta. Precisamente en estas dos actividades (Músico e Industria Musical) que supuestamente están íntimamente relacionadas surgen los desequilibrios. No todos los músicos ganan de la misma manera y la inmensa mayoría de ellos se plantean la pregunta de otra forma: ¿podré vivir de la música, de mi creación…? Y la industria musical se pregunta de forma directa y con objetivos claros ¿cómo ganar dinero con la música? Es cuando el músico se convierte en un obrero que pertenece a la gran industria musical – ya sabemos, contratos leoninos que llegan a afectar a la verdadera creación del autor, por poner un ejemplo -. Alguien comentó que el problema de los músicos de hoy es que desean antes la fama que el éxito, visto éste como un reconocimiento de su obra y visto aquella como la repercusión de los medios de comunicación o listas de éxito. Sin embargo no todos los músicos en la actualidad quieren pertenecer al engranaje de la industria musical tal y como está concebida. Curiosamente el músico si sabe adaptarse a los nuevos tiempos, a buscar caminos de difusión de su obra gracias a las nuevas tecnologías actuales (y de seguro que a la gran mayoría de los músicos no les importa que el público se baje sus canciones) y la Industria musical no sabe o no quiere esa adaptación, un necesario cambio de modelo productivo.

La música popular e incluso toda clase de música que ya es susceptible de comercializar o difundir (pues la denominada “clásica” también se presta al marketing musical) no equivale en su totalidad a la suma de los productos que comercializa la “industria de la música”. Nuestro paisaje sonoro es mucho más amplio. Y por ello mencionaba que el problema es más de orden metafísico que de otra índole. El problema es la concienciación de lo que es verdaderamente MÚSICA desde una base educativa temprana, comenzando por ese niño o adolescente que sólo te sabe responder el nº 1 de las listas confeccionadas por la industria a la pregunta de qué música escucha. El problema es despojar la etiqueta de “cultura” a una industria musical preocupada por una crisis que le impide seguir con su gallina de los huevos de oro y que no está ofreciendo un reflejo fiel de la inmensidad de músicos y músicas que existen.

martes, 18 de enero de 2011

Reflexiones sobre la situación del músico en nuestra sociedad y de la propia concepción que se tiene sobre la Música. De profesión: músico. (I)

Hace algún tiempo alguien se preocupaba en escribir y debatir sobre la cuestión de la condición de los artistas. Con una gran humildad - propia precisamente de los grandes artistas - se definía como un “Simple aprendiz de la naturaleza y de la verdad”. Buscaba la ardua tarea de determinar y definir cual es la situación de los artistas en nuestro orden social.

Como artista que me considero, creo que puedo tener el derecho a coger el testigo, desde mi propio punto de vista y experiencia, de todos los que se han preguntado y se preguntan sobre la condición de serlo y la situación en la que se encuentran el artista a lo largo del tiempo en las diversas sociedades donde desarrolla su arte. Lo hago o intento hacer con la misma humildad que he mencionado acerca del artista escritor que plasmaba sus preocupaciones. No es mi pretensión realizar una crítica visceral fruto de situaciones injustas vividas por mi profesión, que las ha habido; pero sí realizar un exhaustivo análisis de una situación que a quien atañe es como mínimo preocupante, y no sólo por las diversas carencias que se dan de una manera tácita en los muy diversos aspectos técnicos, administrativos y formativos de lo que supone ser músico en este país, si no también en el aspecto, quizás para mí casi más preocupante, de la impresión hacia la sociedad de lo que es un músico. Para ello me he propuesto el objeto de distinguir entre unos músicos y otros según su funcionalidad básicamente y otras características y no por juicios de valores, que sí los puede haber de forma subjetiva, aunque quizás cuando entremos en terreno farragoso, mi crítica será cercanamente objetiva hacia una “clase” de músicos que sin saberlo ellos mismos se están erigiendo en la panacea de la música actual; y digo sin saberlo ellos mismos porque también llegan a ser víctimas de la sociedad actual y su sistema de valores o más diría yo, su sistema productivo.

Volviendo a nuestro artista escritor que se preocupaba por la situación social del músico en la sociedad, el resultado de sus conclusiones, debates y cartas sobre la cuestión no parecía muy halagüeño. Este personaje defendía el enfoque de que el artista cumple con una función social, cuasi servil hacia la sociedad para alimentarla de placer a través de su arte. Propio de su tiempo hacía un símil catalogando al artista como “…sacerdote de una religión inefable, misteriosa, eterna, que germina y crece incesantemente en todos los corazones…”. Así mismo, resaltaba cuan de importante era la música en tiempos antiguos, no sólo en la Grecia antigua con su gran concepción pitagórica del arte de los sonidos, sino también en los pueblos persas, chinos, egipcios…, y recordaba cómo la música influía en estas sociedades a través de la admiración y como tenía carácter de indispensable en la educación de todo ciudadano y con el desarrollo de sus más diversas funciones. Con estos recuerdos y pensamientos, nuestro artista escritor caía en la desilusión de la situación del artista en su sociedad y con su inherente humildad, pero con las palabras bien claras, denunciaba muchas situaciones injustas que él vivía, aun siendo un afamado músico.

Creo, estoy seguro, que muchos artistas y personas que amamos la cultura en general y la música en particular nos debatimos en idénticas situaciones acerca de la situación del músico en la sociedad y las muy diversas injusticias que le rodean, cómo se le considera e incluso sobre la propia concepción de la música en nuestra sociedad. Volvamos, pues a nuestra sociedad y ubiquemos nuestras preocupaciones en una análisis acorde con ella, pues nuestro primer protagonista, el artista escritor preocupado por su propia profesión y arte era ni más ni menos que Frank Liszt, que con su “Cartas de una artista” reflexionaba sobre el estatuto social del artista y criticaba las instituciones musicales de su tiempo, revelándose como un auténtico humanista en sus escritos, los cuales tienen, por lo que podemos adivinar, una gran vigencia en su preocupaciones y denuncias trasladadas a nuestra sociedad.

(Continuará)

martes, 7 de diciembre de 2010


RECORDANDO A LENNON

Escribir sobre John Lennon es difícil, sobre todo si se quiere evitar caer en los convencionalismos comerciales, frases de elogio hechas y aplicables a cualquier artista que destaque mínimamente o bien dejarse llevar por las garras del marketing discográfico. Este 8 de diciembre se cumplen 30 años de la lamentable desaparición de John Lennon (no pienso hacer publicidad del desalmado que apretó el gatillo). Nos hacemos mayores al estar marcados por esa moda de efemérides que va contando el tiempo y recordando muertes y nacimientos.

El paso del tiempo, la perspectiva temporal, en muchas ocasiones facilita valorizar un movimiento cultural o un personaje de una manera mucho más histórica, por una parte, con sus consiguiente metodología y análisis y por otra apreciar el legado de ese movimiento o personaje. En el caso de Lennon, aún siendo considerado un gran músico en vida, se amplia esa percepción al repasar su producción musical y su proyección humana en la sociedad en la que vivió, por extensión la nuestra también. Como otros muchos artistas su muerte prematura nos deja un legado de su actividad e influencia social que podríamos tildar como inacabado, aún teniendo un gran potencial su campaña por la paz a principios de los 70, su activismo político en el momento que se instaló en EEUU, etc, el hecho de que hubo un punto de inflexión en su retiro voluntario de 5 años (1975 – 1980) y que a su vuelta fuera asesinado nos da un resultado inconcluso que también sucede con su producción artística – musical.

Surge entonces el sano egoísmo del fan, del oyente, del crítico musical…, en torno a lo que podría haber hecho Lennon en estos próximos años musicalmente hablando e incluso socialmente. Resulta ocioso preguntarse que hubiera pasado: ¿una hipotética reunión de los Beatles ¿nuevas y grandes canciones?, una vuelta al protestantismo social y político como única arma la música y la palabra? (seguramente le hubiera montado un buen pitote a muchos políticos actuales). Es muy probable que todo eso hubiera sucedido y más. Pero se ha visto sustituido por la explotación discográfica de su música e imagen. Qué se le va hacer, es la sociedad en la que vivimos.

A modo de utopía habría que hacer un esfuerzo, en contra de esa sociedad, para recordar a un Lennon, que no era ni Dios, ni Jesucristo, aunque en algún momento se dijo ser más famoso que él. Simplemente era un humano artista, con una gran sensibilidad para escribir grandes y sentidas canciones, con unos grandes defectos personales, como todo el mundo, pero que se le hecha de menos, sobre todo si echamos una mirada las llamadas listas de éxito actuales y a la autenticidad del protestantismo social (a Lennon no le hacía falta publicidad). Lennon, aunque dijo en una ocasión que a veces le gustaría haber sido un puto pescador, lo único que sabía hacer era escribir canciones y plasmar en ellas sus sentimientos, algo que escasea también en la actualidad. Y lo bueno que con ello se divertía y ganaba dinero. Por lo tanto, recordemos a ese Lennon músico, artista y humorista que nos alegraba los días hasta llegar a décadas. Recordemos al Lennon humano artista.

Durante esta semana de su aniversario de su fallecimiento, The Pop Art trío (www.myspace.com/thepopartrio) realizará 2 sentidos conciertos tributo en homenaje a su figura musical.

8 de diciembre 2010 Teatro Echegaray de Málaga a las 21h

11 de diciembre 2010 Teatro Jacinto Benavente de Galapagar (Madrid) a las 20h

http://www.telentrada.com/Telentrada/Espectaculos/Musica/Espectaculo+Recordando+a+Lennon

viernes, 1 de octubre de 2010

¿Porqué The Beatles....?


¿ Porqué The Beatles...? (Artículo breve cedido al Círculo Machado)

¿Una pregunta obvia? Quizás, pero en ocasiones nos debemos preguntar por qué The Beatles y su música siguen sonando a lo largo de diversas generaciones, desde aquellas que vivieron en directo el fenómeno hasta las más actuales. Incluso nos debemos preguntar si es una exageración, un excesivo producto de marketing o bien tienen toda la licencia artística para mantenerse en los anales de la música popular del siglo XX.
Sí, llegamos a un hotel y en el hilo musical suena Yesterday. Llamamos por teléfono a cualquier empresa y durante la espera suena Let it be. Ponemos la televisión y de diez anuncios, seguro que uno tiene melodía beatle. Este entorno musical, muchas veces edulcorado hoy día, se corresponde con un fenómeno musical y de marketing, pero al fin y al cabo lo que prevalece es lo artístico, la esencia de unas composiciones, la forma de canalizar influencias musicales de dos compositores como Lennon & McCartney y la entidad de cuatro muchachos que durante ocho años convulsionaron la industria discográfica y que, como bien dijeron ellos mismos respecto al fanatismo, se sentían en el mismo "ojo del huracán" siendo el exterior la locura. Quizás fue esta posición lo que les permitió tener los pies en la tierra para desarrollarse como músicos, como experimentadores sonoros y conseguir así una evolución musical que, a mi entender, es lo más destacable de The Beatles. De Love me do a Let it be hay un buen trecho... artístico, porque sólo pasaron ocho años, y actualmente los artistas "emergentes", o bien no aguantan ni cinco años o bien sus canciones suenan igual que cuando comenzaron.
Y de estas preguntas, en parte, surge la idea de The Pop Art Trío, formación que con todo el respeto (posible dentro de la interpretación), con todo el cariño (porque la música hay que acariciarla) y con todos sus recursos (tan solo tres instrumentos que buscan lo más acústico y genuino) buscan revalorizar -si cabe- y hacer sonar las canciones más y menos conocidas de los "Fab four".
The Pop Art Trío no se planteó desde el principio realizar imitaciones; más bien somos intérpretes que recogemos ese legado armónico tan rico y en ocasiones lo reinterpretamos en otras claves musicales: ¿Cómo darle la vuelta a She Loves You para que suene a blues?... pensamos en Ray Charles... Cómo tocar In my life... pensamos en una pieza barroca...En otras ocasiones las canciones son tan directas que respetamos el original, pues no hay nada más que hacer... llegan al público.

En 2010 se han cumplido 40 años desde la separación de este emblemático grupo. El sábado 9 de octubre de 2010 The Pop Art Trío ofrecerá en la Abadía de Neumünster un amplio recorrido por las mejores canciones de los Beatles.

jueves, 26 de agosto de 2010

Recensión crítica sobre el libro de Ted Gioia "Blues. La música del Delta del Mississippi".


FICHA BIBLIOGRÁFICA. Ted Gioia. BLUES. La música del Delta del Mississippi. Madrid. Turner Publicaciones 2010. 1ª Edición marzo 2010. 519 Páginas. Edición original: Delta Blues. The life and times of the Mississippi masters who revolutionized American music. W.W. Norton & Company, 2008.

Músico, compositor, crítico, historiador, profesor y productor de jazz, Ted Gioia parece reunir todas las disciplinas, metodología y sentimiento preciso para afrontar un ambicioso estudio sobre el blues que no se queda en lo meramente académico a modo de recopilación de datos curiosos. Y realmente lo consigue con este libro, como lo hizo con su “Historia del Jazz” bien aclamada por la crítica especializada. Es desde luego un trabajo de envergadura por los datos en sí que aporta como gran investigador, pero más meritorio es lograr atraernos con una lectura directa como la misma música blues cuando nos atrapa al escucharla. Leer su libro es casi como escuchar blues; nos transporta fácilmente desde los posibles orígenes de esta música, mostrándonos el abanico de las distintas teorías al respecto (la más común es su procedencia de África), para iniciar posteriormente un camino sugerente de forma cronológica pero muy ameno por el desarrollo de esta música, con sus personajes principales, algunos leyendas ya, y otros leyendas de culto y gente anónima que básicamente procedían de las labores de la tierra pero que a la par contribuyeron, quizás de forma inconsciente, a crear tendencias en el blues, estilos propios y que posteriormente fueron redescubiertos gracias a la labor de investigadores y etnomusicólogos como Alan Lomax o John Wesley Work y que Gioia menciona a éstos y muchos otros estudiosos del blues, contrastando información, poniendo en duda diversas teorías o, como buen investigador, haciéndose preguntas muy necesarias para tener buenos argumentos.

Es pues, una historia sobre una música, que sin ser del todo infravalorada, sí que poca gente se detiene, por lo menos en nuestro país, a intentar conocer sus orígenes y el verdadero valor como música popular, música de una tierra y casi diría yo, música universal. Sí, porque el blues está en todas partes y su influencia, resaltada durante todo el libro por Gioia, es tan amplia, sus notas tan particulares, que flotan en cualquier tendencia musical actual. Al respecto es curioso que las distintas vías que tomó el blues llegando hasta su comercialización y la eclosión del blues más eléctrico de Chicago (una evolución natural), ocasionaron a la par un cierto encubrimiento de lo que fue el blues rural, alma Mater de esta música y que Ted Gioia resalta la diferencia con una frase que considero magistral y que define perfectamente esa evolución del blues rural al más eléctrico de New York y posteriormente Chicago: “sí, esto era blues, pero un blues tan distinto de la variedad rural del Delta como las fibras de algodón sin refinar de la plantación lo eran de las elegantes prendas que con ellas se hacían para los grandes almacenes neoyorquinos.”

Es, pues, la narración de este primigenio blues rural la parte más interesante a descubrir del libro de Gioia. En su origen el blues se desarrolla básicamente en el campo, los field holler, sus formas se acercan a los work songs, y del campo pasamos por las cárceles, los cruces de caminos y sus eternas leyendas y nombres propios como Charley Patton, Son House, Tommy Johnson, Skip James, Roberto Johnson, Muddy Waters, Howlin’ Wolf, B.B. King… cuyas vivencias suministraron de alguna manera unos elementos propios del Blues, en sus letras, en su ejecución, en su sentimiento, dando licencia al blues de música popular merecidamente estudiada por etnomusicólogos e incluso arqueólogos, aunque fuera de forma fortuita, como el caso que narra sobre una de las primeras documentaciones sobre el blues a cargo del arqueólogo Charles Peabody que con el objetivo de unas excavaciones se encontró con una música para él desconocida e interesante de investigar: la que sonaba al ritmo de trabajo y de descanso de los hombres contratados, por lo que redactó unas “notas sobre la música negra” remitiéndolas al Journal of American Folk – Lore.

Todo el ambiente y surgimiento de este blues rural planea sobre el libro como el verdadero valor de esta música, y aún avanzando cronológicamente en algunos personajes más relevantes del blues como B.B.King, Muddy Waters o John Lee Hooker, el autor siempre vuelve a los orígenes cuasi a modo reivindicativo de que no nos olvidemos de cómo surgió una música que parece emerger del más profundo sentimiento humano. Es una vuelta a estos orígenes como sucedió en la década de los 60’ en Inglaterra cuando jóvenes melenudos como los Rolling Stones, Eric Clapton o los propios Beatles reconocían la influencia de los maestros del blues de EEUU y de alguna manera sacaron de la miseria o de su habitat del momento a muchos cantantes y guitarristas que ya eran ancianos retirados a las eternas labores del campo. Curiosa a este respecto es la narración sobre las sesiones londinense grabadas por Howlin’ Wolf con músicos británicos.

En definitiva, un libro cuyas 500 páginas se degustan rápidamente y que nos anima en segunda línea a descubrir joyas musicales genuinas, autores como Son House, Charlie Patton, Skip James,…verdaderos artífices del blues que flotaba en las entrañas del Delta del Mississippi.

Skip James Video

domingo, 13 de junio de 2010

Extractos del libro autobiográfico de Duke Ellington : "La música es mi amante".


Calentando motores para mi próxima recensión crítica sobre el libro autobiográfico de Duke Ellington "La música es mi amante". Aquí algunas notas al respecto de temas interesantes:




  • Sobre Shakespeare y el jazz: "Shakespeare despierta muchas simpatías en mí, porque considero que hay fuertes semejanzas entre un concierto de jazz y la producción de una obra de Shakespeare: semejanzas entre los productores, los artistas y el público...Lo mismo sucede con Shakespeare. El espectador no puede comprenderlo todo la primera vez; la visión repetida multiplica la satisfacción. Se da un perfecto paralelismo con el jazz, cuya escucha repetida lleva al disfrute".
  • Sobre sus primeras experiencias y aprendizajes en el piano: “En la calle T había una gran sala de billar, entre las calles 6 y 7, la sala de billares de Frank Holliday, vecina del Howard Theatre. (…) También acudía los pianistas (…) Ralph Green, Claude Hopkins, Shrimp, Phil Word. Roscoe Lee y Claude Hopkins era los pianistas que sabían leer partituras, al igual que Doc Perry, Louis Brown y Louis Thomas.Y luego estaban Clarence Browser, Sticky Mack y Blind Johnny que no sabían leer partituras, pero entre ellos y los pianistas que sí sabían se daba un entendimiento y un intercambio maravillosos.

Ellington, Edward Kennedy., La Música es mi amante. Duke Ellington,Barcelona, Global Rhythm Press, S.L., 2009