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sábado, 12 de junio de 2010


Mi "cajón de sastre" (que algún día ordenaré).

Mis próximas investigaciones, ensayos y escritos precisan como tales de un planteamiento metodológico que plasmo en pequeños escritos que ponen a prueba el mismo tema de investigación.

En este caso, y dado mi interés por la historia del Mundo Actual, echo mi mirada a los años 60 y en concreto la sociedad inglesa, y los que me habéis estado leyendo comprenderéis mi especial interés por el fenómeno "beatle" desde perspectivas más académicas, si cabe, y con elementos analíticos que posibilitan profundizar de una manera más enriquecedora en el propio fenómeno. Para ello muestro el proceso por el cual podemos llegar a realizar un ensayo más profundo de lo que significó un periodo determinado en la historia de la música popular y por extensión en su influencia en la sociedad y la industria musical en general. Podemos llegar a debatir sobre economía, sociedad, cultura, y... por supuesto de música. Este es, pues, uno de los temas más desarrollados últimamente dados mis proyectos ya puestos en marcha, desde el apartado más artístico (como pianista de la formación The Pop Art trío con la que adaptamos temas de The Beatles) y el académico con las Conferencias dadas en los últimos años con el título "The Beatles: una aproximación social y musicológica". El objetivo final es claro: realizar un ensayo sobre el tema.

Tema de investigación inicial: La década de los 60 en Gran Bretaña: cultura, música y sociedad.

Acotamiento del tema: La influencia del fenómeno beatle en la sociedad inglesa.

A la hora de abordar el tema de investigación, tras su elección y acotación, y aplicando los criterios de relevancia, viabilidad y originalidad, y una metodología de investigación determinada para el tema, tenemos que realizarnos una serie de preguntas acerca de lo que nos puede deparar la profundidad del tema en cuestión, preguntas que nos lleva a formular una hipótesis y vincularla a esas preguntas, que en definitiva, no son más que la teoría del tema.

El tema elegido y acotado, viniendo de una generalización excesiva como sería estudiar y analizar una época cultural concreta y de un país concreto, fue y es aún hoy en la actualidad un tema atractivo en su apartado musical, pero no lo es menos en su participación e influencia en una década - denominada gloriosa- como los años 60’ en Inglaterra. Se trata de analizar cómo un grupo musical (en este caso el grupo británico The Beatles), cuyos miembros provienen de la cultura de la posguerra del conflicto mundial finalizado en 1945, llega a influir, no sólo con su actividad artística, sino en las mentalidades, pensamientos, moda, las letras, e incluso en la economía y la política de un país.

No debemos desestimar el hecho de que The Beatles fuera un grupo de música popular y no vinieran, pues, de esas altas instancias de la cultura intelectual que pertenecen – como si de una exclusividad se tratara – a la música clásica, a la pintura contemporánea u otras artes consideradas, como si aún estuviéramos en la Edad Media, artes mayores. No más lejos de la realidad, pues el grupo británico sí tuvo en realidad, e incluso antes de nacer el grupo, su componente intelectual, siendo estudiantes algunos de sus miembros (John Lennon), por ejemplo, en la Escuela de Arte de Liverpool o bien su ligazón posterior en el mundo de las artes (con dos libros de poesías publicados) o bien la utilización de cánones de la música clásica en sus canciones a partir de la mitad de la década.

Una pregunta básica para que nuestro tema tenga un fundamento investigador sería si realmente The Beatles influyeron en la sociedad inglesa, entendiendo como sociedad “entidades poblacionales, que considera los habitantes y su entorno, interrelacionado con un proyecto común, que les da una identidad de pertenencia. Asimismo, el término significa un grupo con lazos económicos, ideológicos y políticos”.1 La respuesta, obviamente, es afirmativa, desde el mismo momento en que ellos pertenecieron y participaron en la sociedad inglesa, en un aspecto cultural concreto (música popular), pero extendiendo su influencia desde la moda, los comportamientos, y como he comentado anteriormente, en determinados niveles, en la política y en la economía.

Si aplicamos el criterio de relevancia, podemos destacar el interés social que tiene el tema, que nos permitiría tomar nota de un proceso de evolución de una entidad cultural – artística (The Beatles) dentro de una década determinada, para así dar explicación a fenómenos actuales, extrapolándolo por ejemplo a nuestro país, que aún sin llegar a una misma calidad en algunos casos, sí influyen en las formas de vida actuales, en la industria y en la cultura de masas: tales son lo que generó la movida madrileña de los 80’, Operación Triunfo en el 2000 y los consiguientes proyectos de marketing, que supusieron y suponen una intrusión profesional pero que tuvieron una influencia importante para lo que se refiere a las culturas masivas; o bien, en otro contexto más extenso, la importancia actual del fenómeno de la World Music en el mercado mundial. Ambos ejemplos son factibles de investigar, pero nos atenemos al elegido por haber sido el fenómeno pionero en muchos campos, no sólo musicales, sino también en lo que se refiere a la industria discográfica y al marketing.

El criterio de viabilidad se cumple al disponer de una extensa biografía del tema (tanto en sus fuentes primarias – quizás algo escasas – como en sus fuentes secundarias, más numerosas), y que en concreto en este trabajo, procuraremos acudir a numerosas fuentes de Internet. Precisamente el criterio de originalidad daría respuesta a los escasos trabajos concretos sobre el tema, pudiendo considerarse, si se encaminara bien el trabajo de investigación, una obra original que abordara el “famoso” fenómeno desde una perspectiva totalmente diferente a como es tratado en la numerosa bibliografía existente en torno al grupo de Liverpool o sobre la cultura inglesa en la década de los 60.

¿Qué hipótesis podríamos formular respecto al tema elegido? Una factible, aunque sería necesario la lectura exhaustiva de las fuentes elegidas, sería el interés de tratar la influencia mencionada al estar ésta vinculada a factores de primer orden social, político y económico, y que tal como se menciona en el libro de Métodos y técnicas de investigación en Historia Moderna e Historia Contemporánea2 refleje esta vinculación la dinámica de la sociedades (cambios cualitativos y cuantitativos). Destaco, pues, una serie de cuestiones y hechos (de forma esquemática) relacionados con el tema, lo que nos posibilitaría el inicio de la investigación:

Inicio de la década: Primer ministro conservador Harlold McMillan en descenso de popularidad. Ascensión Harold Wilson, del partido laborista (quien en su campaña utiliza a The Beatles como reclamo publicitario). Exportación “beatlemanía” = optimismo y orgullo nacional. Una sociedad basada en los méritos cayendo las barreras de las clases sociales. MBE (Miembros del Imperio Británico) concedida al grupo británico.

Economía: The Beatles como generadores de divisas (giras mundiales 63-64) The Beatles como crítica social: canción Taxman (Mr. Wilson, recaudador de impuestos)

Mitad de la década: renacimiento cultural en el Reino Unido, y más en concreto su capital Londres. 1967 un punto de inflexión: edición Sgt. Peppers y relación con el misticismo oriental (intercambio cultural). Relaciones del perfil de la mujer con las parejas de los Beatles. Los Beatles personificaron la revolución social y su ruptura coincidió con la vuelta del conservadurismo.


Notas:

1 Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Sociedad

2 Alted Vigil, Alicia; Sánchez Belén, Juan A., Métodos y técnicas de investigación en Historia Moderna e Historia Contemporánea, Madrid, Editorial Centro de Estudios Ramón Areces, S.A., 2005, 283 pp.


domingo, 31 de enero de 2010

Síntesis y naturaleza sobre la conferencia “The Beatles: una aproximación social y musicológica”.




“The Beatles: una aproximación social y musicológica”.
Conferencias realizadas:

Casa de Cultura de Navacerrada (Madrid). 17 de abril de 2009
Casa de Cultura Alfonso X El Sabio en Guadarrama (Madrid). 30 de octubre de 2009.
Escuela de Música Dionisio Aguado de Fuenlabrada (Madrid). 26 de febrero de 2010.

La idea de ofrecer una conferencia sobre los Beatles desde una perspectiva más social y musicológica surgió a raíz del interés por parte de la Casa de Cultura de Navacerrada de ofrecer un concierto del proyecto musical que llevo a cabo como pianista, “The Pop Art trío” (www.myspace.com/thepopartrio ), por lo que finalmente se ideó concentrar en un fin de semana temático y suficientemente interesante para todos los públicos, conferencia y concierto en días consecutivos.
La conferencia que impartí estaba complementada a través de imágenes, audios y videos de un Power Point proyectado en pantalla, de tal manera que resultaba atractivo en la introducción de cada tema apoyarse en ese material, tanto para el público como para mí.
No quería enfocar la conferencia con la consabida trayectoria biográfica de The Beatles, ni caer en tópicos no contrastados, que a modo de “leyendas urbanas” invaden hoy día la red. De alguna manera me puedo considerar un “estudioso” del fenómeno beatle desde el momento en que devoraba libros sobre ellos con la temprana edad de 14 años. Pronto advertí que la mayoría de libros repetían la fórmula de narrativa biográfica propia del siglo XIX en los albores de la musicología, insertando alguna que otra anécdota que no pasaba de ser meras curiosidades de las que difícilmente podías extraer debates o conclusiones más profundas sobre el cómo y el porqué, por poner un ejemplo, e incluso se vislumbraban como fuentes escasamente contrastadas. Hoy día la red nos ofrece – ya desde el aspecto personal al profesional de investigador – una cantidad ingente de fuentes de información, siendo fácil, a través de los buscadores, poner cualquier concepto o nombre para que nos arroje multitud de resultados. Sin embargo hay que tener mucha precaución a la hora de manejar esas fuentes y obligatoriamente debemos ponerlas a prueba.
Lógicamente, con todo ello, podemos suponer que la bibliografía escrita sobre The Beatles es muy extensa, al igual que los blogs sobre el grupo y la información en general en la red. Un buen ejemplo de búsqueda de un tema a investigar en la red, en este caso en algo tan tratado como la trayectoria de The Beatles, es utilizar las hemerotecas en red de los periódicos, de los cuales, si tan sólo nos centramos en los de tirada nacional que tengan ese servicio y dispongan de la digitalización de sus noticias, nos podemos encontrar, por ejemplo en La Vanguardia, verdaderas curiosidades factibles de transformar en fuente de información valiosa, siempre que sepamos realizar las oportunas preguntas a la información obtenida, sea un texto de una noticia que pueda parecer superficial o incluso si es una fuente fotográfica.
Artículo del 4 de julio de 1965 “Los Beatles y su mito”:
http://hemeroteca.lavanguardia.es/preview/1965/07/06/pagina-34/33558327/pdf.html?search=beatles

Tras mi licenciatura en Historia y el inicio de Historia y Ciencias de la Música, mi intención ha sido siempre adquirir una metodología concreta a la hora de acercarme a cualquier fenómeno, sea musical, social o histórico, sin olvidarme por otra parte de mi condición de aficionado o de inicial diletante, eso sí, pasivo. Y creo que es un camino interesante a seguir cuando te planteas impartir una conferencia dirigida a un público general, en la mayoría de los casos no especializado; en definitiva, un público ávido de consumir cultura, bien por curiosidad del evento en sí mismo en el formato de Conferencia, a la que muchas “personas de calle” les gusta asistir a modo de adquisición de conocimientos varios, o bien por el mismo tema en sí (en este caso The Beatles como fenómeno), tan de actualidad constante “gracias” a los recordatorios comerciales de las editoriales discográficas ávidas de mantener las ventas a base de novedades no tan, quizás, efectivas. (Al respecto ya escribiré sobre el tema a debatir de la reciente remasterización del catálogo de los Beatles, su veracidad, su función o necesidad de ello y el posible dilema de considerar una obra musical, que perteneciente a otro tiempo, pueda transformarse en aras de una mejora técnica).
Sea por un motivo u otro no hay que dejar de considerar que aún hoy día el público que asiste a una conferencia relaciona ésta con un tema serio a tratar, y a la par este “tema serio” siempre se anexa a tiempos más lejanos o con una etiqueta más “culta”. Este hecho se refleja y persiste todavía en el ámbito académico, en el que el canon educativo en todos los niveles discrimina la música popular relegándola a un segunda plano con respecto a la llamada “música culta” o “música seria” sin atreverse a dar el mismo tratamiento a compositores o artistas como Dylan, Lennon-McCartney y Beethoven y Mozart por poner algunos ejemplos. Está claro que los sistemas musicales de la música clásica (por poner una etiqueta) y los de la música pop (por poner otra) no son iguales y ni tan siquiera buscan serlo; simplemente son conceptos diferentes, que en ocasiones se nutren a sí mismos, pero que no por ello debe uno sobreponerse al otro como más importante o más meritorio.

Con estas bases y planteamientos me gusta abordar cada conferencia que doy, puesto que busco una posible revalorización del tema: el fenómeno de los Beatles puede parecer un tema “gastado” si nos atenemos a la información que circula de forma indiscriminada por la red o por la cantidad de libros que se editan anualmente, unos con más oportunismos que otros y que no reflejan, en ocasiones, más que anécdotas. Otros, sin embargo, parecen venir de la mano de nuevas generaciones de investigadores (entre los que me gustaría incluirme), que buscan otros prismas y aplican una metodología mucho más rica gracias también a la perspectiva temporal que ha aumentado y de esa forma se ofrece la oportunidad de ver el fenómeno de forma más seria. En esa metodología entran en juego muy diferentes disciplinas como la sociología, la propia musicología con sus extensiones, y la historia, dentro de la cual tiene un gran valor el hecho de confeccionar una historia del mundo actual. En definitiva son disciplinas que se interrelacionan o que cuando sabemos interrelacionarlas logramos sacar un jugo mucho más sabroso que quedarse en el mero anecdotario del fenómeno.

Próxima conferencia: Escuela de Música Dionisio Aguado de Fuenlabrada. 26 de febrero de 2010 17:30h. “Jornadas de Música del Siglo XX”.

lunes, 4 de enero de 2010

DISCOS ESENCIALES

Artículo cedido como colaborador para la revista semestral de reciente creación
"2227" de la Asociación Cultural La Maliciosa de Navacerrada Nº 1 Enero 2010. Sección Discos indispensables.




Harry Connick Jr.: “25”
Género: Jazz
Publicado en: 24/11/1992
Sello: Sony / Columbia

Quizás no tan conocido por el público español, Harry Connick Jr. es un cantante, pianista, compositor y showman que se fue abriendo paso en el mundo jazzístico norteamericano canalizando todo su aprendizaje musical en muy diversos registros del jazz y que al que se le llegó a considerar el nuevo Sinatra y que desde su debut a los 11 años nos ha regalado una extensa producción discográfica. “25” (que hace referencia a su edad en el momento de sacar el disco) es un trabajo eminentemente pianístico y vocal, tratado con gran sutileza y que es ideal tanto para amantes del jazz más tradicional como cualquier melómano. A pesar de que con su anterior trabajo perteneciente a la banda sonora “Cuando Harry encontró a Sally” le había otorgado ya cierto renombre en los círculos musicales jazzísticos, “25”, siendo su octavo disco, llegó a consolidar su carrera, pues en ocasiones un trabajo tan directo y natural como una voz y un piano llega a valorarse como algo más genuino
Harry Connick Jr. muestra en este trabajo sus grandes dotes como pianista y como cantante, ambas facetas manejadas de forma magistral, pero sin ese empacho de virtuosismo instrumental que en ocasiones encontramos en otros músicos de jazz y que está dirigido a músicos oyentes o grandes amantes del jazz. Su estilo al piano es limpio, natural y muy personal, pues el desarrollo tanto de las melodías como los arreglos realizados en cada tema muestran una inventiva propia que se envuelve de momentos pianíssimos como de otros más enérgicos en función de cómo camina cada tema. Si a ello le añadimos su característico tratamiento vocal en el más tradicional estilo de crooner americano, la combinación es más que agradable. Y es más, hay que contar con los temas que nos encontramos en “25”, la mayoría pertenecientes al jazz más tradicional (Caravan, After You've Gone) pasando por el swing y por temas de Broadway (“On the Street Where You Live”) pero retomados por Connick con un cierto aire de actualidad pero conservando su más pura esencia musical. Tras Harry Connick Jr. (que también ha interpretado papeles de actor en películas como Copycat) surgieron estelas como Micheal Buble, más como respuesta comercial y aprovechando el tirón del revival jazzistico de la mano del propio Connick o posteriormente de Diana Krall y más actualmente de Jaimie Cullum, un chaval a considerar.

DISCOS ESENCIALES


Artículo cedido como colaborador para la revista semestral de reciente creación
"2227" de la Asociación Cultural La Maliciosa de Navacerrada Nº 1 Enero 2010. Sección Discos indispensables.

The Beatles: “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”
Género: pop
Publicado en: 01-06-1967
Sello: Parlophone - Emi

Recomendar un disco como el Sgto. Peppers Lonely Hearts Club Band de The Beatles puede resultar muy obvio al tratarse de uno de los trabajos – sino el más – mejor reconocido en la Historia de la música popular del siglo XX. Sin embargo en ocasiones ese mismo reconocimiento impide un acercamiento musical a una obra que se contextualiza en un fenómeno como el que protagonizaron sus autores y que parece que sólo pueda interesar a los seguidores del conjunto británico que de por si ya tienen prácticamente toda la discografía en su discoteca.
Pero el álbum Sgto. Peppers no sólo debe ser considerado como un disco más de la discografía oficial de The Beatles (aunque si situarlo como su obra cumbre, precisamente cuando el conjunto había decidido abandonar las giras y toda la prensa comentaba que a The Beatles se les habían agotado las ideas), y es recomendable incluso hacer una escucha desde otra perspectiva. En primer lugar fue uno de los primeros discos conceptuales, que casi a modo de narrativa, como si de música programática se tratara, nos sumerge en una atmósfera, en ocasiones un tanto onírica (Lucy in the Sky with Diamonds, A day in the life) y en otras a modo de reflejo de la realidad social y cultural del momento (She’s leaving home, Good Morning). Por otra parte fue un paso más en lo que se refiere a técnicas de estudio y un desbordamiento creativo de sus componentes que se sumergen en una diversidad de estilos aunque manteniendo su identidad. Una orquesta de 40 músicos, instrumentos como el sitar y diferentes efectos sonoros conforman una obra musical única que se completa con el diseño de su portada, verdadero diseño gráfico próximo al Pop Art.
Bien para quien sea seguidor de The Beatles como para quien no, e incluso tenga otros gustos, es recomendable una escucha de este gran trabajo que marcó un antes y un después en la música popular y en la industria discográfica y hacerle un hueco en nuestra estantería.

martes, 8 de diciembre de 2009


JOHN LENNON HOY
Escribir sobre John Lennon es difícil, sobre todo si se quiere evitar caer en los convencionalismos comerciales, frases de elogio hechas y aplicables a cualquier artista que destaque mínimamente o bien dejarse llevar por las garras del marketing discográfico. Hoy 8 de diciembre se cumplen 29 años de la lamentable desaparición de John Lennon (no pienso hacer publicidad del desalmado que apretó el gatillo). Nos hacemos mayores al estar marcados por esa moda de efemérides que va contando el tiempo y recordando muertes y nacimientos. Surge entonces, como en aquella fría madrugada del 80, el sano egoísmo del fan, del oyente, del crítico musical…, en torno a lo que podría haber hecho Lennon en estos próximos años musicalmente hablando e incluso socialmente. Resulta ocioso preguntarse que hubiera pasado: ¿una hipotética reunión de los Beatles ¿nuevas y grandes canciones?, una vuelta al protestantismo social y político como única arma la música y la palabra? (seguramente le hubiera montado un buen pitote a muchos políticos actuales). Es muy probable que todo eso hubiera sucedido y más. Pero se ha visto sustituido por la explotación discográfica de su música e imagen. Qué se le va hacer, es la sociedad en la que vivimos.
A modo de utopía habría que hacer un esfuerzo, en contra de esa sociedad, para recordar a un Lennon, que no era ni Dios, ni Jesucristo, aunque en algún momento se dijo ser más famoso que él. Simplemente era un humano artista, con una gran sensibilidad para escribir grandes y sentidas canciones, con unos grandes defectos personales, como todo el mundo, pero que se le hecha de menos, sobre todo si echamos una mirada las llamadas listas de éxito actuales. Lennon, aunque dijo en una ocasión que a veces le gustaría haber sido un puto pescador, lo único que sabía hacer era escribir canciones y plasmar en ellas sus sentimientos, algo que escasea también en la actualidad. Y lo bueno que con ello se divertía y ganaba dinero. Por lo tanto, recordemos a ese Lennon músico, artista y humorista que nos alegraba los días hasta llegar a décadas. Recordemos al Lennon humano artista.

jueves, 16 de julio de 2009

MÚSICA Y NATURALEZA. NAVACERRADA: UN PAISAJE SONORO.

Artículo cedido como colaborador para la revista semestral de reciente creación
"2227" de la Asociación Cultural La Maliciosa de Navacerrada.

MÚSICA Y NATURALEZA. NAVACERRADA: UN PAISAJE SONORO
Una de las cosas que nos atrae a primera vista de Navacerrada es su entorno natural y no en vano, a parte de su atractivo casco urbano con sus calles empedradas, la vista que se nos ofrece al llegar al pueblo destaca por su belleza de una naturaleza directa. Es lugar, pues, de rincones y espacios que invitan al viajero, al excursionista y senderista a adentrarse a vivir las sensaciones que ofrece el paisaje. Pero desde aquí no es mi propósito mostrar los paseos e itinerarios que podemos disfrutar en Navacerrada y alrededores, pues éste es un articulo que versa sobre música (arte sonoro es una de sus definiciones aceptadas), sino invitar a entusiastas senderistas a agudizar la música que llevamos dentro a través del encuentro con el llamado paisaje sonoro. Si éste perteneciera a un ámbito urbano – que por suerte no es el caso – escucharíamos el tráfico, los cláxones de los coches impacientes, maquinaria, obras y un sin fin de sonidos que podríamos definir como “invasivos”, o que por lo menos así lo sentimos la mayoría que asistimos al paisaje de una ciudad.
Por el contrario en un entorno rural, como es Navacerrada, tenemos la suerte, habitantes y visitantes, de recorrer el espacio natural y su correspondiente paisaje sonoro traducido en el canto de los pájaros, el rumor de un arroyo o nuestras propias pisadas en la tierra por poner pequeños ejemplos, que podríamos equiparar a la melodía, armonía y ritmo. Todo ello está dotado de musicalidad que se une con la nuestra propia, pues en contra de lo que se dice, el ser humano “nace musical”, aunque como argumentaba el etnomusicólogo John Blacking, las aptitudes musicales del ser humano están condicionadas por la situación social que las estimula o las impide.
Invito, pues, a descubrir en primer lugar los sonidos de la naturaleza, aprender de ella y descubrir nuestra innata musicalidad, bien sea a través de la naturaleza como a través de nosotros mismos.

Jorge Gil Zulueta

lunes, 6 de julio de 2009

La identificación del emprendedor cultural con la profesión de Gestor Cultural. Un acercamiento a las necesarias relaciones con el ámbito público

(Artículo publicado en el Portal Ibearoamericano de Gestión Cultural. Boletin nº 18): http://www.gestioncultural.org/gc/boletin/2009/bgc18-gcambitoprivado.html
La aplicación de la definición de Gestor Cultural en el ámbito privado.
Hablar de Gestión Cultural desde el ámbito privado conlleva, en ocasiones, un desconocimiento del término y de su función, y a la par una falta de reconocimiento de la propia profesión. Todo ello tanto por parte de los mismos empresarios y empleados que desarrollan una gestión desde su empresa de servicios culturales, como por parte de la Administración Pública, desde sus Departamentos Culturales. Y a la vez, también se encuentra con ese desconocimiento el propio ciudadano, que ignora quién, cómo y porqué pone a su alcance determinados servicios culturales en su ámbito geográfico; háblese de una programación de conciertos, una exposición, una obra de teatro etc. Todos, eventos que se desarrollan en los diferentes espacios culturales que intentan satisfacer esa necesidad cultural que todos tenemos como personas.
El asignar al empresario – emprendedor cultural la consideración de "gestor cultural" bien quedaba expuesto, por ejemplo, a modo de debate por Jorge Bernárdez López en su artículo "La profesión de la Gestión cultural: definiciones y retos" (1) que cito textualmente:
"¿Se puede considerar a los gestores, gerentes o administradores de sociedades con titularidad privada como "gestores culturales"? Probablemente sí, pero es a ellos a quien corresponde responder a esta pregunta. Porque el término gestor/a culturales, sobre todo, una elección personal y, en la medida que los individuos se reconocen como colegas de profesión, colectiva."
Podemos encontrar dos posibles ejes centrales en esta consideración: el propio término cultura y el de la "elección personal", factor determinante, para la calificación de gestor cultural de un empresario.
Las posibles definiciones de lo que, actualmente, es cultura, se han ido desprendiendo de la seña exclusivista de tiempos pasados elaboradas por los artífices de las bellas artes, aunque no tanto nos hemos desprendido del canon educativo, interpretativo y el de la programación cultural que aún perdura. Pero lo que si podemos afirmar hoy es que el término "cultura" – en sus muy diversos intentos de definición – ha conseguido adaptarse, o por lo menos acercarse, a las metas y realidades actuales. Dicho término tiene actualmente un mayor valor antropológico social que determina desde el microespacio al macroespacio unas muy diversas actividades y actitudes de las personas que se identifican, bien con su tradición o bien con su gusto propio, tanto individual como colectivo, y que al fin y al cabo se convierten en "consumidores de cultura" en la que participan y de la que disfrutan. Así, desde un barrio, pasando por la ciudad o el pueblo, las personas necesitan desarrollar y consumir una actividad cultural – no necesariamente enlazada con una identidad cultural determinada geográficamente – que cumpla tanto la función de ocio como la del propio desarrollo personal.
El otro eje que he destacado es el de la elección personal del empresario a considerarse como Gestor Cultural, algo con lo que me identifico hoy día plenamente - tanto en lo que respecta a esa elección como en el propio calificativo - , pero que muchos hemos tenido que pasar por una auto de concienciación de lo que estábamos haciendo y de cómo lo queríamos hacer y definirlo de la manera más justa e identificativa con nuestra labor.
Un modelo de gestión cultural bajo mi propia experiencia.
A modo de ejemplo, mi andadura profesional en el ámbito cultural y más en concreto en la gestión musical, se inició hace más de 15 años y poco o nada se sabía del concepto "Gestión cultural"; inicié entonces una andadura empresarial a la que yo denominaría vocación cultural. Aún pareciendo una contradicción en términos empresariales, no existía como objetivo prioritario el hecho de obtener beneficios, aunque sí existía el planteamiento de una forma de vida a través de la oferta y la demanda cultural de unos productos (artistas, proyectos musicales), unos servicios culturales, una identificación de marca y un sello que reflejara una filosofía propia. Por lo tanto la palabra cultura estaba presente en esa nueva andadura – que inicié, vale la pena decirlo – dejando un trabajo estable y bien remunerado que en aquel momento tenía. No conocía, pues, el concepto de "gestión cultural" pero sin embargo gestionaba productos considerados culturales.
Es interesante destacar en este sentido qué se puede entender como vocación cultural en un empresario – emprendedor cultural. Éste decide crear una empresa o pequeña empresa bajo el prisma de su propia vocación cultural, la cual se ha ido tejiendo a través de un bagaje cultural y una formación (su ecuación y acceso a la cultura que ha podido y deseado acceder) y conformado por unos gustos que le reconfortan y desea transmitir, deseo que es casi la base de su decisión. Sus habilidades (normalmente no profesionalizadas en un principio) son la intuición, la imaginación, confianza y autonomía y su personalidad se perfila como una forma de sentir y actuar en el medio que le rodea, en ocasiones en forma de Quijote por su lucha en defender sus propuestas que van normalmente en contra – corriente de las mediáticamente aceptadas.
Podríamos encontrar paralelismos del pasado, en esta actitud de inicio de una actividad por vocación cultural, aún cuando las personas que emprendieron su actividad no fueran conscientes de ello. El propio Brian Epstein, manager de los Beatles, buscaba compartir el efecto que le causó conocer a cuatro chicos que vivían su arte de manera especial, y sin ser un profesional del negocio musical del momento, no dejó de buscar el camino para mostrar al mundo la música de los Beatles. Epstein encontró su vocación de forma entusiasta y a la vez ordenada. Lógicamente en sus objetivos estaba la fama (reconocimiento) y una ganancia, como todo empresario. Pero el motor fue experimentar un suceso cultural para él de gran importancia y tener el deseo de compartirlo.
Es precisamente este aspecto de inicio del deseo no profesionalizado auspiciado por la vocación, el que determina hoy día la necesidad de entrar en una verdadera profesión que esté amparada por baremos teóricos, académicos y legislativos que aseguren la profesionalidad, siendo extensible a todos los agentes de la gestión cultural.
Hoy conocemos los entramados multidisciplinares que son considerados propios de la gestión cultural. Hoy podemos manejar una metodología concreta y aplicada en nuestra gestión cultural. Hoy existe, en definitiva, una viva concienciación de lo que debe ser la profesión y la profesionalidad de la gestión cultural. Y aún así queda mucho por conseguir.
Una necesaria concienciación. La imprescindible profesión del Gestor Cultural. Desde hace pocos años está surgiendo en el propio entorno profesional de quien se considera Gestor Cultural, tanto en el ámbito público como privado, una concienciación sobre su actividad que busca exigir el reconocimiento en todos los ámbitos lógicos de cualquier otra profesión: desde un determinado estatuto laboral pasando por un reconocimiento social que ponga a pie de calle la importancia sobre qué es hacer cultura y cómo cualquier acto derivado de ello tiene detrás a una serie de agentes culturales que hacen posible la oferta cultural de un país. Ello otorgaría, por otra parte y entre muchas otras razones, una concienciación social de que cualquier acto cultural organizado desde cualquier estamento debe – aunque en ocasiones fuera simbólicamente – tener un coste de entrada para su disfrute. Es la relación que se asienta en cualquier otra profesión reconocida, como el ser abogado, médico o asesor financiero, en quienes recurrimos para lograr unos servicios poniendo en manos de ellos una determinada necesidad, ya bien para defender nuestros derechos, curarnos de una enfermedad o buscar un consejo económico a pequeña o gran escala que nos aporte más ventajas. Pues bien, ¿por qué no una profesión como la de Gestor Cultural puede reconocerse para cumplir y cubrir la necesidad de las personas de obtener hechos y manifestaciones culturales? ¿Acaso son menos importantes que el resto de necesidades? La salud es lo primero, y seguramente todos estamos de acuerdo en ello. Pero incluso teniendo una enfermedad, la cultura es necesaria, pues bien está demostrado que llega a participar en el alivio de la persona enferma a través de diversas terapias que combinan el arte con la terapia, como puede ser la musicoterapia, y organizar para el hospital de una ciudad una serie de actividades culturales entrelazadas con diversas terapias es también realizar gestión cultural; más determinada, sí, pero que muestra el gran abanico de disciplinas que la gestión cultural puede abarcar y nos da la oportunidad a los profesionales que queremos tomar este camino profesional a especializarnos o bien combinar dichas disciplinas.
El amplio abanico multidisciplinar nos lleva inexorablemente al trabajo en equipo. Pero no es únicamente un trabajo en equipo de forma interna, en un departamento de cultura concreto, en un teatro, museo o una empresa de servicios culturales. Pienso que el trabajo en equipo debe ser multilateral y no dejarse limitar por fronteras imaginarias – léase burocráticas o políticas – que en ocasiones nos encontramos precisamente los gestores culturales de ámbito privado. Ello significa que el empresario que ofrece unos determinados servicios culturales está aportando su gestión (bien en forma de producto cultural, asesoramiento, organización, infraestructuras, etc.) a otros gestores culturales pertenecientes al ámbito público para participar conjuntamente en el diseño de determinada programación. El fin último no es exclusivamente el beneficio empresarial, aunque éste no se puede obviar por la necesidad lógica de mantener una empresa. Pero realmente, si volvemos al concepto de vocación cultural y personalidad emprendedora, el gestor cultural privado ofrece sus servicios para que sean un éxito compartido con el gestor público en su consecución última: el consumo de cultura, el público y la creación de cultura. Creo que estas son las palabras clave.
Bien podríamos rebatir esta idea a la hora de poner sobre la mesa una de las reflexiones planteadas por Agustín Squella en su colaboración en este mismo portal acerca de considerar o no gestores culturales a las empresas con ánimo de lucro, y que cito:
"Legítimamente hay quienes sostienen que sólo las organizaciones sin fines de lucro son las propiamente culturales. Hay otros que piensan que la persecución del lucro también cabe en esta área". 2
En el caso concreto de la gestión musical (una productora, una agencia artística de Management o representación de artistas, una empresa especializada en la programación de un teatro, por poner varios ejemplos) sí se hace necesario – si queremos acogernos a la catalogación de Gestor Cultural- encontrar un equilibrio entre el fin del empresario (el lucro legítimo como empresa) y el fin artístico (potenciar la creatividad, implicación cultural y otorgar libertad hacia el artista) elementos indispensables para hacer/crear cultura y que se diferencian a lo que en ocasiones nos venden como cultura y realmente es negocio cultural. Ese equilibrio se refleja últimamente en algunos modelos de Management que curiosamente se corresponden en mayor medida con la pequeña y mediana empresa como formato y no se da tanto en las multinacionales o grandes empresas.
En concreto, 20 años atrás el representante artístico o manager artístico en su expresión anglosajona era el que se aprovechaba del artista para hacer negocio en su sentido más peyorativo. Y aún hoy persiste esa impresión, en parte razonada por determinados "profesionales" que pertenecen al intrusismo profesional. Sin embargo también comienzan a aparecer en los últimos años otras tendencias y modelos de management implicados totalmente en el desarrollo artístico y profesional del artista, al que prefiero referirme como el Gestor Cultural que en su implicación por la proyección artística del músico no pone ninguna cortapisa ni criterio de marketing que transforme su creación. Aboguemos pues por ese modelo y por la necesidad de concienciación de su profesionalidad. Sin embargo tampoco nos podemos olvidar de nuestra realidad económica y social hace difícil dejar de lado las grandes empresas que gestionan la cultura mayor en un país. Sería injusto no considerar la contribución de estas grandes empresas a la cultura, aunque fuera en términos del PIB, uno de los referentes de la importancia de la cultura en España, por ejemplo. Pero bien les podríamos aplicar otra definición como la de "industria cultural", no incompatible con la gestión cultural, pero quizás no tan genuina en sus fines artísticos y culturales y sí centrada de la búsqueda de un producto más basado en el marketing que arroje unos resultados económicos y no tanto en la creatividad por si misma. Y en definitiva, "la consagración de Gestor Cultural, como elemento central de una política y de una economía modernas es ya una realidad que ha cambiado hasta la definición de lo que era un gestor cultural. Las figuras antiguas del animador, del manager, del promotor cultural han quedado subsumidas en el nuevo escenario que ha visto emerger la profesión del Gestor Cultural"3
Relaciones entre el gestor cultural privado y el gestor cultural público. Características específicas en la gestión musical.
En muchas ocasiones la relación entre el gestor cultural público y el privado no es tan estrecha como sería de desear; por una parte nos podemos encontrar con hándicaps ajenos a la voluntad propia del gestor de una administración pública atado a unas directrices políticas determinadas como pueden ser la línea de programación, los presupuestos o los recursos tanto humanos como materiales. Desde mi experiencia soy consciente de la lucha del gestor cultural público en este aspecto, que poco o nada puede hacer para solucionar las carencias al estar éstas en manos de una mayor decisión política.
Pero por otra parte esta falta de colaboración más estrecha viene dada por la libertad de decisión del gestor público – una gran ventaja y nada reprochable – pero que en ocasiones se torna en una acomodación en forma de lo que se llama "el fracaso del éxito", relacionado con la no renovación de público. Por ejemplo: lamentablemente el negocio musical es excluyente en cuanto a estilos. Eso lo podemos comprobar en los diferentes espacios de una ciudad de orden mayor en los que se realiza una programación musical determinada y que han sido creados únicamente para determinado criterio. Es la eterna dicotomía entre la llamada música culta y música popular y no favorece precisamente a la creación de un público renovado y a la vez ampliado. Pienso que uno de los valores de ser Gestor Cultural, y en concreto el que se dedica a la gestión musical como programador de un espacio cultural, es el riesgo; incluso diría la "provocación". No podemos ceñirnos a la susodicha frase de que "esto es lo que funciona aquí,… esto es lo que quiere el público", porque si no, nos estamos acomodando a lo que funciona... hasta que surge el desgaste, y a la par nos olvidamos de otra premisa importante en la gestión cultural: la educación. El abanico de oferta cultural debe ser amplio, bien para que el consumidor de cultura pueda elegir, o bien – siendo uno de los logros más satisfactorios – para que el consumidor de cultura conozca toda manifestación artística posible y dispar que luego incorporará o no a sus gustos musicales y culturales; pero hay que darle la opción.
Aún así, el acercamiento entre gestores del ámbito público y privado se ve favorecido actualmente por el camino hacia la profesionalización del Gestor Cultural, que aparece por lo menos esbozado; y no menos importante es la actuación hacia esa profesionalización del propio sector implicado, la cual ha comenzado hace un tiempo poniendo la aclamación de esta necesidad en sus foros internos y en negociaciones multilaterales. Al respecto hay que destacar la aparición de numerosas asociaciones de muy diversos ámbitos relacionados directamente con la cultura en general y en concreto con la profesión de Gestor Cultural que sirven de punto de encuentro entre ambos gestores. El sólo hecho de "asociacionismo" es una búsqueda de resolver problemas que atañen al sector; y por otra parte se promueven planes de formación de los gestores culturas y se organizan seminarios o conferencias.
La conclusión final pienso que es obvia: en la profesionalización de las funciones del Gestor Cultural es necesaria la iniciativa privada reflejada en todos los estamentos que puedan estar implicados: técnicos y gestores culturales de las administraciones pública, agencias artísticas de representación, managers e incluso las Universidades que aporten un valioso prisma académico desde sus planes de estudio relacionados con la materia.
Notas
1 Artículo concedido por el autor al Portal Iberoamericano de Gestión Cultural para su difusión a través del Boletín GC. El presente documento se basa en la ponencia del mismo título presentada el 24 de Abril de 2003 durante el I Foro Atlántico de Gestión Cultural "gestionARTES 03", organizado por la Asociación Canaria de Gestores Culturales (GESCAN, gescan@hotmail.com) en La Laguna (Tenerife). Jorge Bernárdez López. Associació de Professionals de la Gestió Cultural de Catalunya
2 ¿Es la gestión cultural una profesión? Agustín Squella.
3 "Conceptos y experiencias de la Gestión Cultural" Tono Martínez, José. Ministerio de Cultura, 2007.